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jueves, 10 de julio de 2014

10 de julio de 2014

Jueves

     Ya hace varios días que necesitamos cambiar una pieza del coche y no acabamos haciéndolo, pero cada vez se nota más el problema y hoy hemos decidido cambiarla. Por suerte la encontramos en la ciudad y el mecánico nos la cambia, de forma que por la tarde puedo ir a los pueblos y el coche es otro distinto del de ayer.
      Por la mañana ha venido a vernos Paul, un salesiano de aquí que trabaja en Lungi, pero que está por aquí porque su padre ha tenido problemas de salud y le acompaña al hospital. Él mismo anda con paludismo y se le ve cansado. Hablamos un ratito y luego se va a sus quehaceres.
      Por la tarde voy a los pueblos con el deseo de comprobar si la nueva pieza en el coche hace que las cosas cambien, algo que es manifiesto. Hoy voy al pueblo del catequista, saludo a la gente, pues el catequista aún no ha venido del campo y cuando llega, se prepara y nos vamos a Yoviama, un pueblo en el que ya estuve otra vez y al que se va a pie, atravesando el riachuelo que ahora lleva bastante agua.
       Cuando llegamos saludamos a la gente. Voy casa por casa y en particular recuerdo que había un ciego y cuando pregunto por él, rápido sale de casa y me viene a saludar. Estamos un rato hablando y luego hacemos la oración. El evangelio es leído y luego la gente participa en el diálogo que el catequista suscita.
         Al final de la oración, al darles la bendición, les digo que de la misma forma que los domingos nos vemos en el otro pueblo para rezar, hoy he querido venir para rezar con ellos en su pueblo. Están muy contentos de lo que les digo y espero que eso incremente su presencia el domingo.
       También hay un muchacho que va a la escuela que me ha pedido un calendario para rezar en el pueblo, como hacemos en los otros. Es el muchacho quien dirige la oración, pues los adultos no saben leer. Trataré de no olvidarme y el domingo cuando venga a la misa, entregarle lo que me pide, a la vez que encomiendo el pueblo “a la que lo ha hecho todo”.
        El tiempo es bueno, la temperatura es agradable, luego he visto que el termómetro del vehículo marca 26 grados, y no se suda, algo muy de apreciar.

       La vuelta sin problemas, atravesamos el río antes de que anochezca y el vehículo se encarga de volvernos a destino, siempre con algunos que se apuntan en el camino, los que vuelven de los campos y otros que vienen a la ciudad.

miércoles, 9 de julio de 2014

9 de julio de 2014

Miércoles

     Se ha pasado una buena parte de la noche lloviendo y continúa la mañana. Jos va a Tikonko y Peter se levanta tarde. Tiene catarro y está muy cansado y ha aprovechado para dormir un poco más.
        Hoy no voy a clase, pues no tengo vehículo y buscar una moto lloviendo no es plan, primero porque no la vas a encontrar, pero es que tampoco me quiero mojar, que luego me puede venir un paludismo…
       Después de que ha parado un rato de llover salgo a la ciudad a hacer compras. Necesitamos reponer la despensa pensando en los que vendrán a visitarnos.
        Cuando vuelvo, Jos ha ido a una reunión y Peter llega tarde a la hora de comer y los dos van a un funeral por alguien de la parroquia de la capital que es de un pueblo de por aquí cerca.
       Por la tarde me voy a pueblos. Sigue lloviendo más o menos intensamente, dependiendo del momento y el camino está muy mojado y es dificultoso moverse así, pero como ya lo conozco, también se hace más fácil.
         Hoy he ido a Valehun. Uno de los maestros está saliendo de un paludismo y el otro está haciendo los libros de notas para la escuela, pues mañana dan los boletines de notas y comienzan las vacaciones.
        Como sigue lloviendo de forma intermitente, me quedo un buen rato con los maestros y hablamos de muchos temas. Uno de ellos es un poco la historia de los católicos en el pueblo y descubro cosas muy interesantes. Todos los católicos vienen de otros grupos religiosos, cada uno con su experiencia y sus vivencias, especialmente de sectas, con todo lo que conlleva de mezclas de ritos y creencias.
        Esto me hace mucho más consciente de la necesidad de un catecismo serio y sistemático de forma que puedan llegar a distinguir entre una cosa y otra. Me decía uno de los maestros que viene de la iglesia neoapostólica y que de vez en cuando en su pueblo todavía participa y comulga, que el cura de esa iglesia tiene dos mujeres y que le reciben sin problemas.
       Me pasé un rato explicándoles la diferencia entre lo que es un cura católico y lo que son los de las sectas. No sé si al final entendieron algo, pero yo por lo menos he comprendido que tengo que pasarme muchos ratos con ellos  escuchándoles y luego poniendo en claro las cosas que no saben porque nunca se las han explicado.
        Uno de los maestros, que tiene dos mujeres, me ha dicho que está decidido a optar por una y rezar juntos y tratar de ponerse en regla mediante el matrimonio. Le he deseado buena suerte y que Dios le guíe.
        En estos temas suelo ser respetuoso con las decisiones de cada uno y trato de comprender las opciones personales que toman. En el grupo de las parejas pido que haya monogamia, pues creo que es la forma de poder mostrar lo que nos presenta el evangelio, pero a la vez respeto las confesiones de cada uno y hay parejas que son uno cristiano y otro musulmán y creo que es una riqueza para todos favorecer la convivencia de varios credos.
       Hoy poca gente ha ido al campo, pues la lluvia no permite realizar las faenas y se lo toman para descansar, que también de vez en cuando es saludable. La gente está en casa durmiendo y de vez en cuando ves alguno pasar y te saludan.
       La oración ha sido como los otros días, una veintena de personas, mitad adultos, mitad niños y nos hemos pasado un buen rato con la explicación del evangelio que era del envío de los discípulos a predicar.
        Me han dicho que en mi ausencia, pues les he dicho que iré de vacaciones, van a rezar continuamente por mí, hasta que vuelva. Les he prometido hacer lo mismo por ellos y, cuando vuelva, lo haremos juntos, cosa que les ha satisfecho.
        Se ve el trabajo que se hace con ellos. Poco a poco las cosas van cambiando y hay gente que se va haciendo consciente de la situación. A mí la conversación de esta tarde con los maestros me ha abierto muchas perspectivas y me ha ayudado a comprender un poco mejor lo que pasa en el pueblo y cómo muchos siguen con la tradición y vienen a la iglesia, pero les hace falta el catecismo y tiempo para asimilarlo.

         En el viaje, tanto a la ida como a la vuelta ha habido viajeros, ahora menos porque la gente está en los campos, pero los que vienen de los campos agradecen que se les traiga hasta el pueblo cuando les encuentras en camino.

martes, 8 de julio de 2014

8 de julio de 2014

Martes

      Por la mañana se presenta Peter, el cura de Freetown que viene con otros tres jóvenes y materiales para organizar el camping que vamos a tener aquí con gente joven dentro de dos semanas. Las cosas se van acercando y hay que tener todo atado y bien atado.
        Después de descargar las mercancías que traen y desayunar, salen corriendo, pues el programa que tienen es cargado. Deben visitar a mucha gente y tratar de poner en marcha a los que van a participar en el camping como organizadores.
       Por la tarde voy a Balei, pues es el pueblo en el que se reúnen para rezar los martes. Primero me paro en el pueblo del catequista y saludo a la gente e intercambiamos noticias. Peter ha venido a saludarles y están contentos, pues le conocen de años anteriores.
        En el camino me he encontrado con un maestro y juntos vamos hasta su pueblo. También encuentro al otro maestro que viene en dirección del pueblo del catequista, pero al verme se vuelve y tratamos de visitar a la gente en sus casas, pero hoy hace muy buena temperatura y luce el sol, con lo que la mayoría de la gente se encuentra aún en los campos.
       Por lo menos saludamos a los que están presentes y rezamos un pequeño grupito. Unos días más, otros menos, pero creo que vamos creando ambiente y en los diferentes pueblos la oración se va poniendo en marcha.

         De vuelta a casa, otra vez tengo viajeros y hoy hasta los polis del control se suman al pasaje, así como dos señoras que venían andando y a las que he invitado a entrar, cosa que les ha sorprendido mucho… Otro de los pasajeros les explicaba en su lengua que quien les llevaba era el cura que rezaba en los pueblos, pues parece ser que el que se les coja en un vehículo no es nada normal por aquí y menos anochecido. Al final las señoras me han dado las gracias muy amables.

lunes, 7 de julio de 2014

7 de Julio de 2014

Lunes

La mañana aparece con niebla, pero más tarde el sol despeja la niebla y aclara el día, aunque de vez en cuando caen unas gotas.
        Voy a clase y el profesor me explica unas cuantas cosas a partir del texto que le presento del evangelio del domingo que viene, la parábola del sembrador. Lo tengo en su lengua, pero los que lo han traducido no han tenido muy en cuenta las reglas gramaticales y han hecho la traducción bastante por libre, según el parecer del profe.
        La realidad es que nos pasamos más de dos horas en clase y el tiempo se me pasa volando. Al salir voy a hacer unas fotocopias y al volver a casa ya casi es hora de comer y con ello se nos ha ido la mañana.
       Los lunes no suelo ir a los pueblos, pero hay un sitio en el que unas parejas han comenzado a fallar y quiero visitarles en su salsa para ver lo que pasa, pues no han venido el domingo a la oración y espero que hoy estén en su pueblo.
       En el camino hacia el pueblo del catequista me encuentro a la madre de Daniel que ha venido al campo y que vuelve para casa. Me da una enorme alegría, pues es la señora mayor que viene regularmente a rezar y que me ha dicho que quiere el bautismo. Tiene problemas para entrar en el vehículo, pero la ayudo y se siente feliz.
        En cuanto entra en el vehículo, viene con tres niñas que traen cada una su saco donde llevan buen peso, empieza a llover. Me alegra el poder tener a la señora mayor en el vehículo al abrigo de la lluvia. Ella me mira y se sonríe. Imagino que para ella mi aparición ha sido un don del cielo.
        Cuando llegamos al pueblo, aparco el vehículo enfrente de su casa y su hijo está sentado a la puerta. Se le ve cansado del trabajo del día, y está muy sorprendido cuando ve a su madre aparecer sonriente. Ella nos ofrece su paraguas, pues sabe que vamos a ir a rezar a otro sitio.
          Voy con el catequista y me acompaña Daniel, del grupo de los matrimonios; pero las parejas no se presentan tampoco a la oración en el pueblo. Están en su finca y parece que les interesa más el trabajo en la granja que cualquier otra cosa. Daniel se encargará de hacerles una visita en la granja.
         Son las sorpresas que te llevas cuando no lo esperas. Por una parte les ves que vienen a la reunión de parejas y están contentos y convencidos del bien que las reuniones les hacen, pero por otra, la ignorancia de no saber distinguir entre lo importante y lo accesorio, dar al César lo que es del César, pero a Dios lo que es de Dios. No vienen a misa el domingo. Y ves que hay que tomarse las cosas con calma y hacer el catecismo que no han hecho y no dar nada por sabido, sino acompañarles en la situación en que se encuentran.
       En el pueblo viene a rezar con nosotros una pareja, que ninguno de los dos hablan una palabra de inglés, pero que veo por lo que van hablando y entiendo en la conversación que son una pareja seria y formal. Me dice, nos dicen, a Daniel y a mí, que van a venir a la reunión de las parejas y les pregunto por qué no vienen a rezar con nosotros, a lo que me responden que son metodistas y que el domingo van a su iglesia a Tikonko. Entonces me doy cuenta del por qué no los conozco. La verdad es que me han causado una muy buena impresión y estoy contento de tener a más gente de distinto credo entre las parejas, creo que es una gran riqueza y que ayuda mucho en las buenas relaciones entre la gente de diversos credos.
          Volviendo a casa traigo a un par de chavales de la escuela que vienen con dos sacos de mandioca bien pesados. Ellos están muy contentos de haber encontrado un medio que les ahorre el esfuerzo del transporte durante varios kilómetros.

         Tanto a la ida como a la vuelta he tenido gente en el vehículo. Siempre hay quien está en camino y procuro ofrecerles la posibilidad de desplazarse conmigo. Ver la sonrisa que tienen en los rostros y la alegría que les produce el que se les lleve en el coche, es algo que compensa cualquier otra preocupación o inconveniente que te puedan causar y a mí me hace sentirme bien el ver que la gente está contenta. Algunos te dan las gracias, otros no te dicen nada, pero por lo menos sabes que les has hecho un servicio y su sonrisa es pago suficiente a lo que les has hecho.

domingo, 6 de julio de 2014

6 de julio de 2014

Domingo

Como cada domingo la salida es temprana. Dejo a Jos en Tikonko y me encuentro con un grupo de gente que me espera en el cruce. Han venido tres parejas y han traído a dos miembros de la familia de la mujer para el encuentro, pues de otra forma las cosas no se podrían solucionar. Han cumplido lo que me prometieron el viernes y les felicito.
        Vamos haciendo nuestro camino y el vehículo al subir una cuesta se ahoga. La pieza que necesita cambiarse hace que de vez en cuando falle. Me lo tomo con calma, descendemos despacio y de nuevo atacamos la pendiente y esta vez sí las cosas funcionaron.
       En Valehun el ersonal está sorprendido al ver llegar un grupo de gente numeroso. Yo me dedico como otros domingos a saludar a la gente por el pueblo y ellos se encaminan a la casa de la interesada y comienzan las negociaciones.
        Hoy les cuesta venir a la iglesia. Comenzamos con retraso y hay una veintena, pero luego ya se ha triplicado la asistencia y la oración es un momento distendido en el que tratamos de agradecer a Dios lo que cada día nos da y las gracias que le podemos dar de manera especial el domingo, hoy los pobres y los pequeños.
       Voy recordando las diversas imágenes que les he presentado a lo largo de varios domingos y ellos me siguen y reconocen que hay cosas que vamos conociendo de Dios y que aún nos quedan muchas otras por conocer. La realidad es que vamos haciendo catecismo y lo que intento hacer es recordar lo que hemos ido viendo durante las semanas precedentes.
       El ambiente es bueno y agradable, Rezamos por los que están reunidos en negociaciones y al finalizar, unos a sus casas y otros al vehículo, que nos espera el pueblo siguiente. Por lo menos me dicen que la reunión ha sido positiva y que se ha llegado a un acuerdo que el domingo que viene se hará efectivo, la mujer seguirá a su marido después de la oración del domingo que viene.
      En el camino de vuelta los ánimos están contentos. La gente interviene en la conversación y se nota que están alegres. Para mí es una de las experiencias que el grupo de matrimonios necesita experimentar, darse cuenta de la fuerza que tiene un grupo cuando están unidos y persiguen un objetivo común. Yo le doy gracias a Dios porque creo que vamos haciendo etapas en el camino de trabajo con las parejas.
       En el otro pueblo, hoy Balei, la gente está rezando con el catequista y luego ensayan cantos antes de comenzar la misa. Hay un buen número de gente y se va aumentando por momentos con los que llegan de diferentes pueblos.
        En la misa repito las mismas ideas que he desarrollado en el pueblo anterior y la gente más o menos me sigue de la misma forma y comprenden que venir a misa y hacer catecismo es algo que necesitamos para conocer más a Jesús y su mensaje.
       Al final de la oración hay una reunión y muchos participan. En el vehículo entran las personas ancianas y las madres con niños pequeños. En Tikonko encontramos de nuevo a Jos y cuando llegamos a casa amenaza lluvia y estamos cansados, de forma que preferimos comer algo en casa mejor que ir a un restaurante donde tienes que esperar mucho rato.
        Después de la siesta voy a Lembema, el pueblo de las sorpresas. Hoy la mayoría de los hombres han ido a otro pueblo donde hay un velada fúnebre por el hermano de uno de los maestros del pueblo que ha muerto, lo que hace que la oración no se haga, aunque sí aprovecho para darme unas vueltas por el pueblo, saludar a las personas mayores y estar en todo momento circundado por un enjambre de niños que continuamente me rodean y me acompañan por todas partes.
       Cuando decido volver a casa, llegan varios de los que estaban en el pueblo donde ha muerto el hermano del maestro, les saludo y la lluvia nos hace separarnos. Entonces viene alguien a pedirme si puedo llevar un enfermo al hospital, le digo que sí y, después de esperar un buen rato, me vienen a decir que la situación no está clara, que tienen que esperar a que venga el hijo del campo y que puedo irme.
       La vuelta a casa con un poco de lluvia, pero tranquila y sosegada. Intento echar carburante en el vehículo y están descargando en el depósito bidones de doscientos litros que una furgoneta ha traído. Como no tengo prisa me espero un rato y observo la operación, algo que no me esperaba, pero que en estos contornos siempre es posible.
       Como me conocen, pues es el sitio en el que suelo llenar el depósito me dicen que qué quiero y, como veo que están ocupados y no tengo prisa, les digo que sigan descargando, que cuando acaben ya me servirán, que no tengo prisa, cosa que les complace y a mí me permite observar con todo detalle y en primera línea la técnica depurada que tienen para vaciar los bidones de doscientos litros en el depósito de la gasolinera.
        Son las pequeñas cosas de cada día que te hacen ver qué diferente es lo que vivimos en cada sitio. Esto que he visto aquí, no me imagino poderlo ver en España ni siquiera imaginarlo. Lástima que no tenía la cámara para tomar unas cuantas fotos.

         En casa tenemos luz, lo que me permite hacer la crónica con una cierta tranquilidad, pues otros días estoy mirando el tiempo que le queda a la batería, y también oigo el ruido de la máquina de lavar, pues he aprovechado para hacer la colada.

sábado, 5 de julio de 2014

5 de julio de 2014

Sábado

Hoy nos ha invitado una monja que da clases en la universidad a participar en un encuentro con un grupo de estudiantes que están interesados en la cooperación y quieren saber de primera mano el trabajo que los salesianos hacemos con la gente.
         El encuentro ha sido agradable. No había mucha gente, pero sí estaban muy interesados en ver y conocer lo que hacemos en concreto. Todo ha sido alrededor de la mesa, donde la monja hacía de cocinera y anfitriona y los demás participábamos. Había varios cristianos y por lo menos un musulmán, que como están en el ramadán, no participaba en la comida.

         Hemos venido a casa más de las tres. He echado un rato la siesta y luego me he distraído preparando las cosas para mañana, entrenándome en la lectura de los textos en lengua mende y viendo los apuntes de la clase.

viernes, 4 de julio de 2014

4 de Julio de 2014

Viernes

Hoy se ha ido la luz por la noche y no ha vuelto. Hemos tenido que usar el grupo por la mañana, que amanece nublada, pero sin lluvia, que ya la hemos tenido por la noche.
        En clase el profesor de lengua me presenta un método de aprendizaje de la lengua que está editado por el gobierno y pasamos mucho rato viendo cosas que aparecen en él, además de otros aspectos de la cultura y las sociedades tradicionales.
         Viene a visitarnos Augustine, el salesiano coadjutor y come con nosotros; después se va a hacer algunas visitas a conocidos.
      Hoy el tiempo está más fresco que otros días y se puede dormir sin sudar mucho. Me echo una buena siesta y luego voy a Nyagorehun para la reunión con las parejas.
       El vehículo responde bastante bien, no hay problemas con la pieza que hay que cambiar y siempre hay gente en el camino que te pide que les lleves. Hemos acabado llenos y sin sitio para más que pedían subir. La alegría de la gente que va en el vehículo es enorme y te da moral para seguir montándolos, aunque te tengas que bajar para abrirles la puerta porque no lo saben hacer, o te hagan esperar más de lo que pensabas porque no se saben acomodar. Pero creo que el beneficio que les haces es grande en comparación con lo que te pide de estar a su disposición.
        En la reunión con los matrimonios, les hago ver que estaré ausente un tiempo y les invito a que tomen sus responsabilidades en serio. Me prometen hacerlo, pero les recuerdo que prometer parece ser una de las especialidades de la gente que luego no hace. Ellos me aseguran que no será así con ellos.
        Hoy tenía el caso de un maestro que al final no se ha presentado, pero que me había expuesto la situación de su mujer que está con la madre y no tiene prisa por venir donde él. En la reunión me han prometido ocuparse del caso. Yo les he dicho que el domingo tengo el vehículo disponible y que va al pueblo donde se encuentra la mujer del maestro. Veremos a ver lo que sale al final.
       Una pareja ha comentado que durante la semana tuvieron un accidente con un crío que se rompió una pierna y me decían que si esto hubiera pasado hace tres meses, que hubiera habido pelea con toda seguridad, pero que ahora con el espíritu de entendimiento que tienen, que han logrado hacer las paces y no llegar a pelearse.

       Finalizada la reunión me vuelvo para casa y empieza a llover. En el camino encuentro a gente que vuelve del campo y está cargada con no sé cuantas cosas. Meto en el vehículo los que puedo hasta que se llena y la gente está contenta por librarse del agua y ahorrarse el trozo que les llevo hasta el pueblo. Al salir me dan las gracias sonrientes.

jueves, 3 de julio de 2014

3 de Julio de 2014

Jueves

Hoy santo Tomás, pedimos de una forma especial por los católicos de la India y pienso en particular en las adoratrices que he conocido de la India y con las que he trabajado en Cinkassé. Les he escrito felicitándolas, pero hoy no funciona la conexión. Veremos a ver cuando sale el mensaje.
       Hemos llevado el vehículo a cambiar el aceite y hay un pequeño problema, una pieza que hay que cambiar, lo que nos hace tener una cierta precaución en el uso, no sea que nos deje tirados en el camino, así que esta tarde no he ido a los pueblos, pues no es imprescindible.
        Al final de la mañana el obispo me envía un mensaje diciendo que me puede recibir al mediodía. Le contesto que estaré allí y para eso me monto en una moto-taxi que me llevará sin problemas a través del centro de la ciudad.
          Cuando monto hace sol y tengo que utilizar el sombrero, pero inmediatamente las cosas cambian, el sol se nubla y un par de minutos más tarde empieza a llover… El chófer de la moto, que no habla una palabra de inglés, no sé cómo se las apaña, pero en cuanto empieza la lluvia entra en un asubiadero, la visera de una gasolinera donde hay ya más de una veintena de motos esperando a que pase el chaparrón. Para mí es la primera vez que lo vivo, pero veo que para ellos es algo muy corriente y ya saben los sitios a los que recurrir en estos casos.
       Unos cuantos minutos más tarde, el chaparrón ha cesado, salimos del refugio y seguimos camino hacia la casa del obispo y, antes de llegar el sol brilla de nuevo y la lluvia por allí no ha caído. Ha sido una tormenta local que ha durado unos minutos, lo suficiente para calarte si te pilla al descubierto, pero que minutos más tarde ya se ha pasado completamente.
        El encuentro con el obispo es para agradecerle la visita que hizo el otro día a los pueblos, para comunicarle la alegría que la gente tiene de la visita que les ha hecho y para intercambiar impresiones sobre el trabajo que se hace en los pueblos. Charlamos durante tres cuartos de hora. Para mí es un contacto muy agradable y el obispo se muestra agradecido a lo que se hace en los pueblos y nos anima a seguir en el trabajo. Le ha llamado la atención positivamente el trabajo que se hace con los matrimonios.
        La vuelta a casa de nuevo en una moto y esta vez sin problemas, me permite disfrutar de la comida que nos preparan las mujeres del centro de pastoral, hoy arroz con salsa de cebolla y pescado, y echar una buena siesta, pues anoche no dormí bien.
         Por la tarde hay conexión a internet a ratos, lo que me permite enviar unos cuantos mensajes, pero luego se atasca y no hay forma de enviar más. Esperemos que con paciencia los mensajes acaben saliendo.


miércoles, 2 de julio de 2014

2 de Julio de 2014

Miércoles

Jos se va pronto a Tikonko y yo me quedo en casa limpiando insectos, pues ayer hubo invasión. Luego me voy a clase y el profesor, que el miércoles tiene libre en la uni, se pasa la mañana conmigo. Me resulta interesante aprender cosas de la cultura mende y él se siente a gusto enseñándomelas. Nos dan las once pasadas y hemos hecho más de dos horas de clase, pero él está muy contento y yo también de las cosas que me enseña, no sólo de la lengua, sino también de costumbres y usos.
      Alguien en un pueblo me había dicho que los mende no tienen caballos. A mí se me hacía muy raro que un pueblo guerrero no tuviera caballos. El profesor me ha hecho ver que hay una serie de apellidos mende que tienen la componente de “caballo” en ellos, lo que indica la importancia que estos animales tuvieron en otro tiempo. Hoy no he visto ninguno, pero la realidad es que sí han existido en la cultura mende.
       Por la tarde voy a los pueblos. Hoy toca Valehun y cuando estoy a punto de llegar al pueblo, me encuentro al maestro José que viene andando para ir al pueblo de su madre. Nos volvemos juntos y vamos a visitar un nuevo pueblo, hoy es Casama. Está a siete kilómetros de Valehun y también está a la orilla del río, que ahora va crecido.
       Cuando llegamos nos reciben los críos y luego hay un joven que viene a saludarnos. Resulta ser el hijo del jefe del pueblo, un musulmán, que nos lleva a casa de un responsable de un grupo cristiano, no sé muy bien el nombre del grupo. Estuvimos hablando un rato. Los dos muy amables con nosotros y me llamó la atención el comentario que los dos hicieron. Después de la guerra, ningún cura católico ha venido a vernos y los católicos que había o se han ido de aquí o se han cambiado a otro grupo para rezar…
       Cuando estaban los misioneros blancos, solían venir y recorrer los pueblos. Desde que hay curas autóctonos, eso ya no se hace más… Yo lo escucho y me quedo pensativo y me pregunto qué dosis de verdad hay en tales apreciaciones.
      De todas formas me invitan a volver, me preguntan qué día pienso volver y me prometen buscar a los católicos que quieran reunirse conmigo… Cosa que me resulta tan sorprendente como el comentario anterior.
      Les digo que intentaré volver el próximo miércoles, pero, siempre que pueda, pues basta que haya una buena lluvia para que el camino sea lo suficiente difícil como para no aventurarse, así que veremos a ver lo que hay para la semana que viene.
        Por lo menos he dado una vuelta por una parte del pueblo, bastante activo y de tamaño más bien grande en comparación con los otros pueblos de los alrededores; tiene escuelas, y dispensario, además de otros servicios; he sacado unas cuantas fotos y he visto que la gente es acogedora y amable, pues me han saludado respetuosamente y siempre estaban abiertos y receptivos a nuestra palabra.
        En Valehun hemos rezado una veintena, la mitad adultos, y nos hemos vuelto para casa, rezando el rosario, pues me ha acompañado como ayer, la madre de Daniel, que me ha dicho que está dispuesta a venir a Casama a buscar a los católicos. En el rosario hemos pedido por el pueblo y por sus habitantes, que el Señor les bendiga.


martes, 1 de julio de 2014

1 de julio de 2014

Martes

Comenzamos un nuevo mes y lo hacemos bajo la perspectiva de la visita del provincial y las ordenaciones de dos salesianos que tendrán lugar el próximo veinte aquí en nuestra ciudad de Bo, además de la profesión perpetua de un salesiano coadjutor en Freetown.
        La mañana ha estado nublada, pero eso no me ha impedido secar la colada, estudiar lengua y leer. Después de la siesta voy a buscar a la señora Cecilia, la madre del salesiano Daniel que me acompaña a los pueblos. Hoy me paro un rato en el pueblo del catequista, donde estudiamos un rato la lengua local y luego vamos a rezar a Baley, el pueblo siguiente en la pista.
       Me paseo un rato saludando a la gente y al final nos juntamos en una casa una veintena de personas, casi todos adultos. Durante la oración observo a unos y otros y veo que hay quien no sabe las oraciones comunes…
        Salifu, el maestro que dirige la oración y que forma parte del grupo de las parejas me hace ver que cuando visita a alguien para rezar, después hay otros grupos que vienen y hacen lo mismo y la gente no se decide por venir a rezar con nosotros. Le hago ver que para nosotros el objetivo no es que vengan a rezar, sino el presentarles la oración que se hace en pareja y los cambios que ello supone en la vida de la pareja, que eso es lo que tiene que hacer, no invitar a rezar, sino mostrarles que la oración que se hace juntos, provoca cambios importantes en la forma de vivir la vida de los casados.
          Aprovecho un momento antes de darles la bendición para hacerlo ver a los que están presentes y lo apoyo con el testimonio de dos parejas que están presentes. Todos me dicen que rezarán en familia y les animo  a hacerlo.

          En la vuelta a casa nos pilla la lluvia, pero no hay problema. Ya estamos acostumbrados a tener cada noche la lluvia y hoy no es excepción.