Vistas de página en total

lunes, 13 de octubre de 2014

13 de Octubre de 2014

Lunes

Amanece el día lluvioso, lo que nos permite no sudar mucho; después de desayunar Uba se va con el periodista hacia la capital. Nosotros nos quedamos en casa y, como sigue lloviendo, aprovechamos el tiempo haciendo ejercicios de lectura y comprensión del inglés con los jóvenes que están con nosotros. Tienen sus problemas, pues suelen hablar en criollo y a la hora de leer y escribir, eso no les ayuda mucho.
       El día lluvioso sigue y después de comer la gente se echa bien la siesta. El día plomizo invita a dormir. Pareciera que el sol es el regulador de una actividad que cuando no brilla se ve ralentizada y casi puesta en sordina.

      Por la tarde seguimos con la preparación de la liturgia que habíamos empezado hace unos días y vemos que les cuesta mucho desenvolverse, pues el nivel de los jóvenes parece más bien bajo. Lo mismo pasa después de cenar que tenemos un rato de aprendizaje de español. Seguir un canto es algo que les lleva una cantidad de tiempo grande y no logran retener ni melodía ni palabras. La paciencia también tiene que ser algo que se ejercite aquí.

La Mochila que cambió de ocupación


LA MOCHILA QUE CAMBIÓ DE OCUPACIÓN…

(para mi hermana)

Los tiempos que corremos y tal como está la situación laboral, hablar de cualquier cambio, sobre todo si se ha tenido un empleo estable, puede inducirnos a pensar en algo que nos va a conducir a problemas y hasta se puede esperar lo peor: la pérdida de un empleo; pero no creo que sea este el caso de nuestra mochila.

Ha servido paciente y calladamente durante largos años para llevar las cosas de cada día al trabajo a una señora en California que conducía un vehículo de transporte escolar y la mochila estaba acostumbrada al ruido, al movimiento y al trasiego continuo de un sito para otro de escolares con sus carteras de clase, y a recibir y guardar celosamente en ella toda suerte de artículos que su ama le confiaba, desde prendas de ropa hasta libros y cuadernos de apuntes, sin olvidar el compartimento para el bocadillo . Ella era la tumba sellada con cremallera que guardaba el secreto siempre a su dueña y la fiel compañera y colaboradora en su trabajo. Hiciera frío o calor, lloviera o saliese el sol, de lunes a viernes, de la mañana a la tarde, si no era en vacaciones, ella era la constante compañía que siempre estaba al lado de su ama.

Hoy su ama se ha jubilado y la mochila va a comenzar una nueva vida lejos de su ama que siempre la recuerda con cariño, pero que la ha dejado vía libre para emprender su nueva singladura.

Primero la cosa empezó cambiando de vehículo. No era el bus de todos los días, era un utilitario y se dirigía a un gran espacio abierto donde pudo ver una especie de pájaros metálicos enormes que ingerían a las personas por un costado por una boca my grande y ella se sintió un poco asustada al ver aquello. No era su autobús de todos los días, y además hoy, su dueña la había llenado hasta los topes. Estaba que reventaba de paquetes y bolsas envueltos la mayoría en papel de regalo y entre todo esto le llamó la atención unas sandalias que iban a ser sus amigas y confidentes en la nueva situación, pero que ella aún no conocía, pues su ama la había confiado a otra señora que se iba de viaje y tenía más bultos que ella y la mochila había perdido el protagonismo de otros días teniendo que compartirlo con otra maleta más grande que ella y que también pesaba lo suyo.

Juntas emprendieron un largo viaje que duró toda la noche y parte del día siguiente. La mochila estaba un poco asustada, pues la pusieron en la parte alta en un compartimento que luego cerraron y no le permitía ver lo que pasaba, pero sí oía el ruido de las conversaciones en voz baja y los pasos apresurados de algunas personas por el estrecho pasillo central. Ella nunca recordaba haber hecho un viaje tan largo, pero al mismo tiempo estaba ilusionada, pues sabía que su dueña se la había confiado a la otra señora, pero esa no era su nueva dueña, sino una intermediaria. Ella sabía que tenía que viajar y además viajar lejos. Por ello no se preocupó cuando llegó a un nuevo destino, una casa a la que luego llegaron unos niños y emocionados abrieron los paquetes envueltos en papel de regalo y contentos le daban besos a la señora que la había traído y le decían “gracias yaya”, y la señora complacida les animaba a seguir en su tarea de abrir regalos.

Después llegó un momento de calma. Como otras veces cuando acababa el trabajo, en casa llegaba el reposo, y ella comprendió que era también hora de reposar un poco. Dentro guardaba las sandalias que serían sus compañeras y confidentes, esperando ver el nuevo rumbo que tomarían las cosas. Ambas se reposaron un par de días, pero pronto llegó alguien a casa a quien su nueva dueña le dijo: mira, esto es tuyo. Tómalo y dispón de ello.

La mochila y las sandalias, que ahora eran ya buenas amigas, se miraron preguntándose qué va a ser de nosotras ahora. Cuál va a ser nuestro nuevo destino. Pero se sintieron tranquilas cuando oyeron el comentario que su nuevo dueño hacía de ellas: son perfectas es lo que necesitaba y me vienen a la medida. Las dos, sandalias y mochila, respiraron y se dijeron: tenemos una nueva vida por delante entre las manos de nuestro nuevo propietario, el cual se puso inmediatamente las sandalias y ya no se separó de ellas. La mochila quedó a la espera de nuevo destino y espiando los pasos de las sandalias

Esta aventura duró un cierto tiempo, pues el nuevo dueño se movía de un sitio para otro y no tenía sitio fijo de residencia, pero las sandalias le contaban a la mochila los pasos de su dueño y un día el dueño emprendió también un largo viaje, que esta vez a la mochila le pareció más sencillo, pues ya tenía la experiencia del anterior. Llegaron a un sito nuevo que no había visto nunca y aquí todas las cosas eran diferentes. Aunque algunos hablaban en el idioma que ella comprendía, otros muchos hablaban algo que ella no había oído nunca y le resultaba muy curioso todo lo que pasaba a su alrededor. Hacía calor y había mucha humedad, pero la gente sonreía contenta, mucho más de lo que ella estaba acostumbrada a ver en su vida anterior.

Después de pasar por diversos sitios, la mochila llegó a uno que le pareció que era su residencia definitiva, pues su dueño deshizo las otras maletas y colocó todo en las estanterías que tenía una habitación pequeña y caliente, rodeada por los murmullos de gente joven que estaban en la misma casa.

Durante la semana las sandalias le iban contando sus experiencias, pues el dueño no se las quitaba más que para dormir y le iban diciendo los nuevos caminos que estaban recorriendo. El colmo para la mochila fue cuando el domingo por la mañana, muy temprano, el dueño la sacó de la estantería, la puso encima de la cama y, con cuidado y cariño, fue metiendo en ella unos cuantos libros. Algunos le resultaban comprensibles porque estaban escritos en inglés, pero había otros que no podía leer, pues estaban escritos en una lengua que no había leído nunca; y luego metió también un vestido blanco largo y una banda de color verde doblados con mucho esmero. Después puso también en otro compartimento dos botellitas, una con agua y otra con vino y unos trocitos de pan redondos bien guardados en una cajita de plástico. Luego trajo una copa de metal y un platito envueltos en un paño y los colocó cuidadosamente al lado de las botellitas y con todo ello, me puso a la espalda y salimos de la casa.

La mochila estaba tan contenta y tan emocionada que no se lo podía creer. Hoy ella iba a ver lo que las sandalias le habían contado, lo difícil que era transitar en los caminos y lo interesante que era conocer nuevas personas que saludaban al dueño con cariño y le decían cosas en una lengua que la mochila no comprendía, pero veía cómo todos estaban contentos y sonreían.

Luego comenzó algo que la mochila nunca había visto. Desde la silla donde la habían dejado colgada, después de vaciar todas las cosas que llevaba sobre una mesa alta, iba viendo cómo las personas que estaban en la salita hacían la señal de la cruz y rezaban en una lengua que nunca había oído hasta entonces, pero que también su dueño hablaba, lo que la tranquilizó y la animó a seguir las cosas con atención. Escuchó que leían en inglés y luego la lengua que no comprendía; y luego el dueño, que se había vestido la bata blanca y llevaba la banda verde colgando del cuello, habló un rato a la gente. Les hacía preguntas y ellos respondían y todos estaban atentos y seguían con interés. Luego puso los trocitos de pan redondos en el platito que había preparado en casa y un poco de vino en la copa y siguió leyendo del libro que la mochila no comprendía y todos seguían con respeto y adoración. La mochila estaba impresionada de ver lo que estaba sucediendo, pues nunca se había imaginado algo así y lo que más le llamó la atención es que descubrió que esto iba a ser su nueva vida, pues su dueño se despidió de la gente hasta la semana que viene. La mochila comprendió ahora cual era su nuevo cometido y en qué iba a emplear su capacidad, sería la fiel amiga y compañera de aquel dueño a quien su antigua dueña le había confiado y así podía vivir una nueva singladura, muy distinta de la anterior, pero muy interesante, intentando comprender un poco de las nuevas palabras que las personas sonrientes pronunciaban y tratando de guardar igualmente los secretos que su nuevo dueño le confiaba.

Por la noche, de nuevo en la estantería y vacía de libros y bata blanca, soñaba recordando lo que había vivido durante el día y velaba el sueño de su dueño, esperando ser de nuevo puesta en movimiento hacia la gente sonriente con los que tanto había disfrutado.

domingo, 12 de octubre de 2014

12 de Octubre de 2014

Domingo

Domingo y levantarse temprano se siguen dando la mano. Pero a pesar de todo, llegamos justos al sitio al que vamos a decir misa. Por una parte el camino en mal estado y por otra, varios compromisos, nos hacen llegar justos. Además la gente nos esperaba en otro pueblo. Trataremos de tener las cosas un poco mejor organizadas la próxima vez.
       Digo la misa en Nyargorhun, el pueblo del catequista. Al final de la misa acaban siendo numerosos, pero no tantos como en el mes de julio. Habrá que ver qué se puede hacer para que la gente siga aumentando.
        Por lo menos intento estar cercano de la gente y que todos nos sintamos a gusto y como participando en el banquete del que nos hablan las lecturas.
       Acabada la misa salimos hacia Tikonko, donde llegamos también con el tiempo justo. Nos están esperando y digo la misa en mende, como me sugieren. Hay cierta preocupación, pues ha habido varios muertos en una familia en el pueblo y algunos les son cercanos, pero la celebración va por los cauces normales y prometen encontrarse la semana que viene para rezar el rosario antes de comenzar la misa.
       Justo después de comer viene un periodista español, Gonzalo, que está haciendo reportajes sobre la enfermedad en Sierra Leona. Le traen las monjas clarisas mejicanas, que vienen del este y se queda en casa, pues mañana viajará con Uba. Tengo ocasión de hablar un buen rato con él y me da una muy buena impresión. Alguien que ha venido a hacer su trabajo, pero que se encuentra muy a gusto en nuestro ambiente y a quien le impresiona el que recemos ante el Santísimo por la tarde durante largo rato. Sale muy contento de la experiencia.
       Hoy, día de la Virgen del Pilar, me acuerdo de los momentos vividos en otras latitudes. Aquí la vida transcurre normal y animo a la gente a rezar el rosario, en la medida que se puedan reunir, pues estamos en el mes de octubre.

       También he tratado de escribir un poco sobre la mochila que mi hermana me ha regalado, simplemente para agradecer el regalo y más sabiendo de quien viene y cómo viene.

NOTICIAS DE NAVARRA

http://www.noticiasdenavarra.com/2014/09/27/sociedad/navarra/un-salesiano-viajara-a-sierra-leona-para-llevar-comida-recogida-en-pamplona-a-enfermos-de-ebola

ARNUERO SE VUELCA CON SIERRA LEONA

ARNUERO SE VUELCA CON SIERRA LEONA


http://www.massradio.fm/noticias/201410/10/arnuero-se-vuelca-con-sierra-leona


sábado, 11 de octubre de 2014

El Ayuntamiento de Arnuero colabora en un proyecto de acogida de niños huérfanos por Ébola

http://www.eldiariomontanes.es/castro-oriental/201410/09/arnuero-colabora-proyecto-acogida-20141009214803.html


11 de Octubre de 2014

Sábado

Después de la misa y desayuno, llamamos al que nos cambia dinero. Viene a casa y le llevamos a su puesto en el mercado. Está contento de verme, pues ya habíamos tenido contacto regular con él antes de ahora.
       Viene también a vernos Donald, el de la conexión a internet. Tengo muchos virus en el ordenador, pues me ha desaparecido el antivirus. Me instala uno nuevo y me quito de encima no sé cuantos, y además nos trae la conexión que nos faltaba, lo que me permite enviar unos cuantos correos a unos y otros. Hoy la conexión es buena…
      
      Después de la siesta vamos a los pueblos Donald y yo. Hacemos algunas gestiones en la ciudad antes de ir a los pueblos y también llevamos a los caminantes que encontramos en el camino. Saludamos de paso al jefe tradicional de la zona y vamos a Nyargorhun para la reunión de las parejas.
       Durante la reunión vamos tomando contacto con la realidad que cada uno de ellos juntos ha vivido. Siempre es interesante escuchar lo que otro te dice, pero cuando se trata de que dos juntos te hablan de lo vivido en común, te quedas sorprendido de lo que te transmiten y la sencillez y espontaneidad con lo que te lo transmiten.
        Una pareja habla de la experiencia agradable de estar juntos y comunicarse, algo que para ellos no era frecuente. Otra pareja dice lo que ha cambiado el que recen juntos todos los días. Otro manifiesta su dificultad a la hora de hablar si su mujer no está presente y hoy no ha venido porque se encuentra enferma. Algunos más no han venido por diversos motivos, pero todos están contentos de encontrarse de nuevo conmigo y lo mismo me pasa a mí con ellos.
        En un momento concreto de la reunión se han acercado un grupo de niños y me han dicho que quieren que les bautice.. Me ha sorprendido no lo que piden, sino la forma tan natural en que lo han hecho. Les he dicho que estoy encantado de poder hacerlo, pero que vamos a hablar con los padres, algunos de los cuales están presentes en la reunión y que les vamos a pedir un buen comportamiento en todos los campos en los que se encuentren, además de conocer y recitar las oraciones.
        El camino está muy malo y nos lleva más del doble de tiempo recorrerlo ahora que en la estación seca, y tenemos tiempo para comentar lo vivido, tanto por parte de las parejas como con los niños y agradecerle a Dios que nos permite vivir estas experiencia y compartirlas con vosotros.

       Por la noche me conecto y tengo la suerte de hablar a través de “skype” con Loli en Santander. Me oía mal, pero hemos logrado estar hablándonos un buen rato. Ya le he dicho que les diga a los de la familia que estoy bien y que no se preocupen por la enfermedad, que por ahora no pienso contraerla…


10 de Octubre de 2014

Viernes

La noche ha sido tranquila. Llovió un poco y al refrescar se puede dormir mejor. Seguimos sin conexión y sin noticias del exterior.
       Voy a saludar al obispo. Pues es la forma de hacerle saber que he vuelto, le llevo unos regalitos y la cosa es rápida, pues hay otros que le esperan. Me muestra su amabilidad y la alegría de volverme a ver.
        El resto de la jornada la pasamos en los pueblos, lo primero arrancando raíces en el sitio en el que vamos a construir una iglesia y luego vamos a un pueblo a buscar madera para hacer el gallinero.
      El día ha sido completito, pues el trabajo a pleno sol nos ha quemado un poco y nos ha dejado marcados, pero la alegría de ver caer los árboles o las raíces, después de un buen rato de trabajo, es algo que ayuda para la siguiente embestida.

        Rezamos, cenamos y estamos un rato en clase, pero los alumnos están cansado y dejamos las cosas para mejor momento, pues hay ganas de acostarse.

jueves, 9 de octubre de 2014

9 de Octubre de 2014

Jueves

La noche ha sido tranquila y he logrado conciliar bien el sueño. Celebramos la misa en el oratorio que se ha preparado en la casa de al lado, pues al ser numerosos hemos ocupado la casa que estaba vacía, y después hablo un rato con Uba. Nos tratamos de poner al día sobre unas y otras cosas, el trabajo en los pueblos, los proyectos, las necesidades del momento y lo que vamos a hacer de inmediato.
       La mañana la pasamos acondicionando los alrededores de la casa y reparando cosas que están estropeadas. Después de comer y la siesta visitamos al profesor de lengua, que está encantado de verme. Nos ponemos de acuerdo de que volveremos a las clases y ya veremos de fijar el horario más adelante. No nos damos la mano para evitar los contactos y la posible infección. Damos una vuelta por el mercado, que está animado y compramos lo que nos hace falta para la casa y volvemos para rezar.
       Después de la cena me entretengo un rato con un grupito de los presentes que están interesados en aprender español. El primer día de clase lo pasamos aprendiendo un canto de los que los críos repiten en la escuela y tratamos de que la clase sea amena y pasarlo bien, además de aprender.

        Hoy no ha habido conexión a internet en todo el día y no ha habido forma de enterarse de las noticias, esperemos que mañana haya más suerte y las pueda seguir mejor que hoy.

miércoles, 8 de octubre de 2014

8 de Octubre de 2014

Miércoles

Después de la misa y el desayuno logro conectarme y enviar y recibir mensajes y ponerme al día en cuanto a la enfermedad del ébola en España. Lo que aquí pasa lo iremos viendo a lo largo del día.
         Después del mediodía salimos de casa, pero todavía nos quedan compras por hacer y no dejamos la capital hasta las dos de la tarde. En ese momento empieza a llover y lo hace con disposición durante un buen rato, pero luego a lo largo del camino ya nos dejará tranquilos.
        Lo que sí tenemos en el camino es una serie de controles. La policía y los sanitarios están tomando cada vez la temperatura de todos los que pasan. Tenemos que descender del vehículo, pasar por el control de temperatura, lavarnos las manos con agua con lejía y emprender la ruta de nuevo. Esto lo hemos hecho alrededor de una docena de veces en el trayecto, casi doscientos cincuenta kilómetros, pero por suerte no hemos tenido ningún contratiempo. Hay sitios en los que los controles son más estrictos y lo que me ha llamado la atención es la desviación hacia Moyamba, un sitio con un mercado siempre lleno de gente al lado de la carretera y que ahora está desierto, pues el distrito está en cuarentena.
       Hay unos cuantos distritos que están en cuarentena, sitios en los que ha habido fallecidos por la enfermedad, pero la situación es muy poco clara, ya que el control por parte del gobierno no puede ser estricto y no parece que se pueda hacer mucho más. Lo mismo nos ha pasado a nosotros con los huérfanos que nos tenían que enviar, las cosas se retrasan por falta de seguridad. Esperemos que la cosa vaya a mejor.
       Nos hemos parado en “Milla 91”, el dispensario de las mojas clarisas mejicanas, donde me trataron el paludismo que tuve. Está Adriana, la enfermera. La médico, Patricia, está en España. La encontré en Pamplona recién operada de cataratas. También hay una monja que ha venido a hacer compras, pero que está en Lunsar, el pueblo donde tienen el hospital los Hermanos de San Juan de Dios. Allí tienen un gran colegio y parece ser que la situación está oscura, pues me ha dicho que ha habido varios muertos en la zona en los últimos días.
         Estamos un poco justos con el tiempo, pues se cierran las carreteras a partir de las cinco de la tarde. Pasamos los controles y nos permiten seguir. Llegamos a casa a las seis donde nos reciben con cantos. Hay nueve jóvenes que están con nosotros, unos que son aspirantes y prefieren estar aquí que en su casa, y otros que son de Freetown y animan en el centro juvenil y no saben mucho qué hacer al no haber clase.
       El reencuentro me resulta agradable y la acogida ha sido muy buena. Hay buen ambiente y los jóvenes se sienten a gusto en la casa y disfrutan de lo que hacen. Las noticias son que sigue habiendo casos de gente que muere y algunos son familiares cercanos de gente conocida nuestra, cosa que nos hace más dolorosa la situación.
       Antes de acostarme se pone a llover. El agua es siempre una bendición, pero en estos momentos, mayor si cabe, pues cuando llueve refresca el ambiente y puedes dormir, cosa que con calor y humedad te cuesta mucho más.
       Le doy las gracias a Dios por el día vivido, por haber llegado a casa, por los hermanos que he encontrado y por el cariño de la acogida y le pido lo que le hemos pedido en el rosario que hemos rezado juntos esta noche, que nos proteja y que nos libere del ébola a nosotros y a todos los que lo padecen.