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martes, 10 de noviembre de 2015

10 de Noviembre de 2015

Martes

 un poco de lluvia. Rezo con Stephen y luego cada uno vamos a nuestro trabajo. Dedico la mañana a estudiar y leer, de forma particular trato de apañármelas con los verbos en mende para ver si me familiarizo con los diferentes tiempos.
       Me viene a ver una monja para invitarme al lanzamiento de la radio de la diócesis que va a tener lugar este sábado por la mañana. Le prometo estar presente si no tengo profesor de lengua, pues suele venir los sábados por la mañana.
       Para la comida hemos abierto una lata de alcachofas de las que vinieron en el contenedor, pero para Stephen ya le he dicho al coci que prepare arroz, pues por aquí no están acostumbrados a tomar verduras de esta manera. Por lo menos las prueba y no le hace ascos.
       Después de comer y dormir, sigo con el estudio y la lectura. Leo el evangelio en mende de forma que el domingo lo pueda tener bien preparado. A la gente le encanta oírme leer en su lengua pero me lleva su tiempo el prepararlo.
       Cuando salimos de la oración de la tarde me vienen a pedir si puedo decir la misa en la parroquia los próximos días. Es algo para lo que siempre estoy disponible, pues ya deberíamos habernos encargado de ella y todavía estamos esperando al que será el párroco. Esperemos que no tarde en venir.
       Stephen viene de nuevo a lo del catecismo. Hoy está más en forma que ayer y también aprovecho para hablarle de liturgia y de la vida religiosa en la iglesia, cosas en las que está bastante pez. Por ello utilizo cualquier momento para ayudarle a que sepa algo más y le animo a que lea todo lo que pueda.

        Hoy le ha llamado la atención cuando me ha visto estudiar, el que tenga unos cuantos libros y que me maneje con ellos. Es que ellos suelen tener un libro o un cuaderno de apuntes y no llegan a poder consultar mucho más. Le digo que es la forma normal de estudiar, hacerlo con diversas fuentes y un libro ayuda al otro y así vas viendo las cosas en diferentes ángulos y perspectivas.

lunes, 9 de noviembre de 2015

9 de Noviembre de 2015

Lunes

La noche ha sido tranquila y el reposo aceptable. Después de la oración y el desayuno voy a buscar a Andreas, el encargado de proyectos de desarrollo a la “torre del reloj” y desde allí venimos a casa, donde mano a mano nos pasamos cuatro  horas enteras trabajando en la cuestión de los proyectos de desarrollo. Es la primera vez que ha venido y ha presentado lo que hasta ahora ha estado haciendo. Promete ser regular a partir de enero en sus venidas y que juntos podamos ir viendo los pasos a dar en el tema, siempre contando con la presencia de los demás miembros de la comunidad.
      Cuando acabamos la reunión sale rápido, ni si quiera se está para comer, pues me dice que alguien le estaba esperando y quería ir hacia la frontera lo antes posible, pues se dirigía a Liberia. Creo que ha sido un encuentro provechoso y que nos ha puesto en comunicación y en sintonía y esperemos que la cosa sea una tónica que ocurra a lo largo del trabajo que realicemos juntos.

      Después de comer y un poco de siesta, de nuevo me meto con los libros y estoy un rato trabajando y leyendo. Luego viene Stephen y hablamos un alrededor de una hora. Nos visita una lluvia copiosa y después de la cena y la oración tenemos un rato de catecismo, como ayer. Hoy no estaba en muy buena forma y lo hemos cortado antes.

domingo, 8 de noviembre de 2015

8 de Noviembre de 2015

Domingo

Salgo a la seis y estoy en Nagoyon para las siete. Hoy hay ambiente más tranquilo que la semana pasada y en la misa recordamos a Ann, la niña de menos de dos años que se nos ha ido. Sus padres rezan en la oración de los fieles y a algunos se les escapan las lágrimas… En el cementerio hay tres tumbas recientes, una de un anciano y dos de dos niños… Aquí mueren más niños que personas mayores…
      En Tikonko hay menos gente que de costumbre… Luego sabré que hay gente que ha estado celebrando el fin del ébola y después no ha tenido fuerza para venir a rezar por la mañana.
      En Towama pasa algo parecido y aquí se nota más, pues hay mucha menos gente que otras veces y el motivo es el mismo. Han estado de fiesta toda la noche y luego no tienen fuerzas para venir a rezar.
        La sensación es un tanto contradictoria. Se ha vivido mucho tiempo bajo el miedo y ahora se desata el deseo de disfrutar o celebrar algo que pensamos que haya terminado, pero ante lo que no hay que bajar la guardia, pues puede reaparecer en cualquier momento.
      Por la tarde voy a Mattru y no encuentro a ninguno de los que me habían prometido estar, pero por lo menos visito al señor que está enfermo y hoy se encuentra bastante peor, pues ni siquiera es capaz de seguirnos en el momento en que rezamos.
     Por la noche Stephen me pide si podemos volver a ver juntos lo que habíamos hecho antes, leer juntos un catecismo que le había dado para que leyera. Ha tenido tiempo de ver una gran cantidad de páginas y me hace muchas preguntas a las que voy respondiendo con ayuda de lo que hay escrito en el texto y que volvemos a releer. Se le nota el interés por saber cosas y le animo a seguir en el empeño, pues es la forma de conocer y poder tomar una decisión en su vida de forma seria y responsable.
     Mientras estamos en nuestra charla, una abundante lluvia nos acompaña. Es lo que suele pasar a finales de la estación de lluvias, que nos visita durante un rato por la noche y así refresca para poder dormir sin sudar demasiado.

sábado, 7 de noviembre de 2015

7 de Noviembre de 2015

Sábado

La noche ha sido tranquila y he podido dormir, pues ha llovido y se nota en que el ambiente refresca. Ha venido a verme Stephen, un estudiante de la uni que tiene un trabajo que hacer y necesita tiempo de preparación y una cierta tranquilidad. Es también un candidato a la vida salesiana. Me ha dicho si se puede quedar unos días aquí y, como estoy solo, me ha parecido que es bueno para él y para mí, así estaremos acompañados los dos.
       Poco después del desayuno, se presenta Paul, que trabaja durante un buen rato, lo mismo que intento hacer yo componiendo el esquema de los verbos en mende. Hay algunas cosas que todavía no tengo muy claras, pero en general veo que lo voy comprendiendo.
     Se suma un hermano de Paul que viene al final de la mañana y comemos juntos, pues además alguien nos ha traído una cesta con una comida para varios. Esto es algo que suele pasar con cierta frecuencia, que la gente prepare de comer para el cura y es lo que regularmente hacen en dos pueblos cada domingo.
       Cuando estoy dispuesto a salir para el pueblo para la reunión de parejas me llama Daniel, que está en Bo y quiere ir al mercado a comprar cosas. Le digo que se dé prisa, pues miro el reloj, pero bien me doy cuenta que tocará esperar y llegar tarde, algo que no me gusta, pero a veces las circunstancias mandan más que lo que tú quieres.
      Cuando ya va mucho rato de espera, decido dar una vuelta por el mercado, donde me ha dicho que está comprando… Hoy hay la gente que no ha habido en muchos meses anteriores, pues como acaban de declarar el país libre de ébola, todos han salido a la calle a celebrarlo y no hay forma de avanzar, todo está invadido de gente y vehículos, motos en especial.
       Por fin salimos con más de una hora de retraso. En el camino hacemos de samaritanos para unos cuantos que van a pie y que están encantados de que se les transporte. Y siempre hay candidatos.
       La reunión de las parejas, hoy es muy especial, pues el hecho de que una haya enterrado a su hija ayer, es algo que pesa sobre todos nosotros; aunque veo la aceptación que tiene de lo que ha ocurrido y se ponen en las manos de Dios… Yo me doy cuenta de la enorme necesidad que tenemos de una presencia de religiosas que hagan el trabajo de estar cerca de las mujeres y trabajar con los niños… Y se lo sigo pidiendo al Señor.
       Voy a ver la tumba donde han sepultado a la niña. Está cerca de la que han hecho para el señor mayor que ha muerto hace poco y también hay otra de un bebé que ha muerto hace pocas semanas. Aquí mueren más críos que ancianos…

      La vuelta a casa es tranquila. Hay luz y conexión y se desata una lluvia torrencial que dura un buen rato. Por la noche tendremos cierto frescor y se podrá dormir sin sudar demasiado.

viernes, 6 de noviembre de 2015

6 de Noviembre de 2015

Viernes

    Me quedo a rezar en casa, pues no estoy seguro que los estudiantes lo hagan en la universidad. Me han invitado a una reunión para sensibilizar sobre ecología, pero también tengo clase con el profesor y aprovecho para ver de hacer un esquema de los verbos. Entre el esquema que le he dado y las preguntas que le voy haciendo, las cosas se van componiendo. Espero en casa poder hacer el esquema y corregirle la próxima vez que nos encontremos.
       Paul está en casa y trabaja, pues la semana que viene tiene exámenes, pero se ha quedado un poco más para acompañar a su padre. Come con nosotros y después de la siesta me acompaña a los pueblos. Hoy en Cassama, donde nos lleva casi dos horas llegar, hay una pareja del pueblo más cercano y ha venido con su mujer por primera vez y ha traído además a otro señor que dice ser católico y que también promete venir regularmente. Aunque hay algunas parejas que faltan, por lo menos las que están participan activamente y las cosas van marchando, aunque sea lentamente.
        A la vuelta intento llevar a los que han venido a pie desde el otro pueblo, pero a mitad de camino, me dicen que me pare que hay un puente por el que no se puede pasar… Me acerco andando y compruebo que quizás haciendo equilibrios y con mucha suerte pueda pasar, pero como no estoy apretado, lo dejo para la próxima vez, pues pasar con la rueda entre dos troncos es peligroso y no tengo quien me pueda sacar del atolladero si me salgo del raíl.
      Paul está encantado de la experiencia de los pueblos. En Hbalehun habla a los críos que son muchos y aprovecho para animar  los que se sientan llamados. Hay varios que levantan la mano diciendo que están disponibles.
       Volvemos a casa rezando el rosario y trayendo a gente que viene de las granjas. Siempre, aunque sea de noche, hay gente dispuesta a subir al vehículo y, si a veces no haces mucho en lo que es catequesis, por lo menos ya haces algo bueno transportando a los que van a pis y generalmente bien cargados, las mujeres en particular.

      Tenemos luz y conexión y me entero de las noticias que hay por el mundo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

5 de Noviembre de 2015

Jueves

Me cuesta mucho dormir. Me levanto tempano y voy a rezar con la gente de Mattru, como suelo hacer cada jueves. El camino está deteriorado y los que transportan cosas en la  cabeza para vender en Bo están presentes en el camino y son numerosos.
       La oración se hace como de costumbre. Al final leo el evangelio, que alguien traduce a la lengua local y el grupo, una docena, está contento de mi presencia. La vuelta a Bo es acompañada por quienes están dispuestos a encontrar un viaje gratis.
       Estoy organizando las cosas de la clase de lengua y me llama Daniel por teléfono para decirme que su hija de dos años acaba de morir en el hospital… Hacía una semana que estaba enferma y la había visitado un par de veces, pero nunca pensé en que las cosas iban a pasar tan rápido… Me dice que viene a retirar el cuerpo del hospital.
         Son esas experiencias dolorosas que vives y no sabes qué hacer ante una tal situación. Aquí tener hijos es muy corriente, pero perderlos es algo por desgracia también muy de las experiencias de cada día…
        Les acompaño a buscar a familiares y unos cuantos nos encontramos en la morga. Allí nos hacen esperar y dar vueltas, para al final llamar a los que se encargan de enterrar (seguimos con los protocolos del ébola a la hora de entierros) y dos coches realizan los trámites y el transporte hasta el pueblo. Por lo menos eso es lo que nos dicen que harán.
       Como ya se ha pasado mucho tiempo y allí no hago nada, sugiero que puedo llevar a los que quieran venir hasta el pueblo, pues en los coches del ébola no viaja más que el cadáver y así emprendo la marcha con la comitiva, que cuando llegamos es recibida por los lamentos de las mujeres y todas unidas manifiestan su dolor con la madre que acaba de perder a su hija.
       No veo la hora en que van a llegar los que traen el cadáver y como los trabajos para cavar la fosa han comenzado, me vuelvo a casa, pues también tengo trabajo por la tarde.
        Ha venido a verme Paul, salesiano cuyo padre está enfermo y que me acompaña en la comida. Después de un rato de siesta voy a Mattru, donde me espera una reunión y donde visito al matrimonio de ancianos cuyo marido tiene problemas serios de salud. Están encantados con la visita y les llevo algunos víveres, pues no tienen mucho que comer.
         La reunión no se celebra, pues los responsables no se presentan. Parece ser que es algo que sucede con una cierta frecuencia. Me pongo de acuerdo con los que han aparecido y que transmitan a los demás que estoy disponible para rezar con ellos el domingo por la tarde, algo que imagino que nos les agrada mucho, pero no puedo hacer otra cosa, pues por la mañana estoy presente en otros tres sitios y no hay espacio para un cuarto.

       La lluvia amenaza, pero por el momento se contiene. Hay electricidad, pero hoy no toca conexión, esperemos que mañana la conexión sea mejor que hoy.  

miércoles, 4 de noviembre de 2015

4 de Noviembre de 2015

Miércoles

También ha llovido por la noche y refresca un poco, pero la humedad y el calor siguen presentes y nos hacen sudar. Me suelo encontrar con unos ocho a diez camisetas que uso cada día a cuenta del sudor.
         Voy a rezar con la gente de Towama y allí están constantes los miembros del grupo de san Judas Tadeo. El que los dirige tiene buena voluntad, pero necesitaremos tiempo para ponernos de acuerdo en las formas y modelos. Por lo menos hay vida y movimiento, cosa muy interesante y a tener en cuenta.
        Voy a ver al profe de lengua que ayer no estaba disponible y hoy sí tenemos la clase. Veo que tiene buena voluntad, pero se ven los problemas a la hora de concretar cosas. Intento ayudarle y al final esperemos que acabemos haciendo el esquema que necesito de los verbos en lengua mende.
         Por la tarde voy a encontrarme con los universitarios para la oración, pero no se presentan. Parece ser que ha habido algún problema y la cosa está un poco espesa. Habrá que tener paciencia y seguir la evolución de las cosas.
       También me doy una vuelta por el pueblo y hoy el sitio de encuentro de la gente joven de otras semanas, está animado, pues la gente baila y se entretiene con cierto ruido y desenfado.
       Tengo problemas para llegar a casa, pues hoy los chinos se han puesto a concluir las zanjas que habían abierto y una coincide con la entrada que tenemos en casa. He dejado el coche al lado de la zanja y cuando he salido por la tarde me dicen que van a acabar, pero veo que a la vuelta todavía no han acabado y cuando ya estoy resignado a dejar el coche en la calle, los trabajadores de forma generosa, cubren la zanja y me dejan venir con el coche hasta casa.

       Rezo un buen rato y trato de tener presentes a todos y cada uno de los que me son cercanos, aunque estén lejos… La lluvia comienza y seguimos refrescando a ratos y calentando el ambiente y sudando en cuanto deja de llover.

martes, 3 de noviembre de 2015

3 de Noviembre de 2015

Martes

   Ha llovido durante la noche y el ambiente es un poco más fresco, pero seguimos sudando. Me paso un buen rato en la capilla y durante el desayuno trato de contactar al profesor de lengua, pero el teléfono no está disponible. Sigo trabajando en la lectura del evangelio del domingo y cuando pienso salir a cortarme el pelo, aparece Paul, el salesiano que tiene a su padre enfermo y estamos un buen rato hablando y compartiendo noticias y cómo ve la evolución de la enfermedad de su padre. Comemos juntos y luego sale a encontrarse con algunos conocidos.
        Yo me voy a cortar el pelo… No se trata de enviar fotos, pero hoy el peluquero estaba inspirado y me ha dejado que no creo que tenga necesidad de cortarlo de nuevo antes del año que viene. Y es que cuando se les presenta un blanco en la peluquería, creo que no saben qué hacer.

    

lunes, 2 de noviembre de 2015

2 de Noviembre de 2015

Lunes

Ha llovido varias veces durante la noche, pero por la mañana el ambiente está calmado y el suelo seco. Me levanto temprano y voy a rezar con los estudiantes a la universidad, pero la realidad es que hoy nadie aparece. Espero pacientemente y me pongo en contacto con la monja y juntos vamos a Tikonko, donde nos esperan para la misa, aunque eso de nos esperan es un decir pues cuando llegamos cerca de la iglesia nadie está por allí.
      Después de dar un poco de tiempo, vamos hacia el cementerio, que está muy cerca de la casa del jefe y allí vemos que tienen las cosas preparadas para la misa. Vendremos en procesión desde la iglesia. Hay una tirada, pero es factible, y hacerse ver en procesión por el pueblo es interesante de vez en cuando.
         Para la hora prevista han ido llegando algunos feligreses. Otros se han unido a lo largo de la procesión y al final somos unos ochenta. La misa transcurre por los cauces normales y al final hay una aspersión de agua bendita sobre las tumbas, en la que todos quieren participar, comenzando por el jefe.
      Con la misa y las ceremonias del cementerio terminadas, me vuelvo con la monja hacia la universidad, pues tiene una clase y no quiere llegar tarde. Leo y estudio un rato antes de comer y por la tarde sigo haciendo lo mismo, pues preparar las lecturas del domingo es algo que suelo hacer desde el lunes, de forma que me vaya acostumbrando a la lectura del evangelio en la lengua local para que la gente me pueda entender.

       Estamos a media luz. Se ha acabado el crédito en uno de los dos edificios y mañana habrá  que pagar para poder seguir disfrutando de los ratos de luz que solemos tener. Te puedes quejar de ellos, pero encender un generador resulta cinco veces más caro que la luz de la ciudad y lo encendemos cuando no tenemos otra posibilidad.

domingo, 1 de noviembre de 2015

1 de Noviembre de 2015

Domingo

Crónica del día de “los santos”
      Me levanto temprano y salgo de casa poco más de las seis. Llego a destino una hora más tarde, teniendo en cuenta el estado de los caminos y que he recorrido diecisiete kilómetros, atravesando el puentecito del agujero de marras...
     En Nagoyon la gente me espera, aunque  hoy hay algo muy especial. Han vivido una noche de fiesta, celebraban el aniversario de la muerte del un viejo del pueblo, un musulmán; y lo importante es que es alguien del pueblo, y aunque estuviera viviendo solo, a la hora de la fiesta todos se suman.
      El detalle que me dice que ha habido movimiento es ver el estado del césped que hay en lo que es la zona cercana a la iglesia. Se ve que ha habido “mucho juego”. Y creo que  es una de las cosas admirables de la gente de por aquí, el saber sumarse a la fiesta y disfrutar en ella todo lo que se pueda.
       Pero la resaca también se hace presente y es lo primero que noto cuando llego. Me saludan, pero se les nota mucho que no han dormido. No tienen la viveza de otros días y la gente menuda en especial están gruñones e importunos.
      A pesar de esto, se guardan las formas y en la misa, que también nos cuesta comenzar, los del coro tienen voces muy cascadas, pero están presentes y cantan como mejor pueden; lo mismo que los que leen, a los que también se les nota la afonía; pero todos mantienen la compostura y no veo a nadie que cabecee o se duerma.
       También es verdad que, consciente de la circunstancia, trato de hacer las cosas fáciles y una homilía “light” de forma que la cosa resulte más llevadera y que todos podamos salir del paso sin mayores complicaciones. Cuando acabamos, pienso que cada uno habrá intentado ir a recuperar las horas de sueño, pues hoy nadie se ha apuntado para entrar en el vehículo y esto creo que es la primera vez que me sucede.
       Bastantes de estas cosas las sé además de porque las veo, porque tengo la confianza suficiente para preguntar a los que tengo más cercanos y me contestan con la mayor naturalidad del mundo. Uno me ha dicho que se retiró más tarde de las cuatro. Fue a dormir a su pueblo distante un kilómetro, y para las siete ya estaba de nuevo de vuelta para la misa… Me explico que no le salieran bien las frases de la lectura que hizo… 
     En el pueblo siguiente las cosas son muy diferentes. Han llegado a tiempo y no han tenido celebraciones, aunque sí que hay algunos con catarro, pero es de la lluvia que les pilló hace unos días en el camino de los campos a casa. Les hablo de la esperanza que nos hacen vivir lo que nos han precedido y la invitación a que con nuestra manera de vivir seamos dignos de reunirnos con ellos un día y, sí parece que lo entienden pues por lo menos han logrado repetir las ideas que les he dicho. Aquí lo he hecho en inglés y nadie me ha traducido, como sí lo han hecho en la misa precedente.
        Miro el reloj, pero me da margen bastante de llegar al otro pueblo  con tiempo suficiente, y me permito el transporte de los que van andando por la pista.
       En el pueblo siguiente ya me están esperando y comenzamos la celebración. Son bastante numerosos y celebran la fiesta patronal un grupo de oración que tiene por patrono a san Judas Tadeo, cuya fiesta ha sido el miércoles, pero la celebran hoy, domingo. Tienen un paño especial para la fiesta y han preparado los cantos con la coral y las lecturas con el grupo de la liturgia. Creo que es una buena cosa y les animo a seguir en la brecha. Como sé que se reúnen para rezar de forma regular, trataré de encontrarme con ellos de vez en cuando.
         La fiesta también se nota a la hora de las ofrendas, donde los miembros del grupo se presentan ataviados con sus trajes y trayendo cada uno un presente en la procesión que de forma parsimoniosa y acompañada por el canto de la coral, recorre el pasillo de la pequeña iglesia.
        También le he hecho el comentario a la monja que reparte las comuniones, que se puede hacer ayudar de este grupo  para que la acompañen. Hoy he querido hacerlo yo para que por lo menos de vez en cuando, las personas mayores a las que se les lleva la comunión me vean y sepan que me acuerdo de ellos. Y me ha sorprendido la alegría que han manifestado al verme.
      Con todo esto, el tiempo se ha ido pasando y cuando vuelvo a casa es más de la una y media. Creo que la mañana ha sido completa y bien empleada.
       El domingo la comida nos la suelen preparar en alguno de los pueblos a los que vamos a decir misa y hoy no ha sido menos. El grupo de san Judas de Towama ha preparado un buen cuenco de arroz blanco y otro con su salsa correspondiente con carne y pescado juntos. Es algo típico de aquí el juntar así las cosas, pero creo que eso también lo había visto en ciertas comidas inglesas. Tenía hambre y no me hice de rogar. Comí el arroz con la salsa y la carne, lo primero que me salió, y me eché la siesta, pues más tarde todavía tenía camino que recorrer.
        Preparé las cosas para la salida y me fui a Mattru, el pueblo con el que he tenido varios intentos de reunión con los líderes y que hasta ahora no hemos logrado encontrarnos. Y cuando llego al pueblo, lo primero que me encuentro es el control de la policía. Un poli musulmán que me pide una biblia… Si saber cómo, me le encuentro metido en el coche y, como ya tengo mucha experiencia en el asunto, le llevo sin pestañear hasta lo que sirve de iglesia y desde allí empezamos el recorrido que suelo hacer de visitar a los enfermos. Lo hago como de costumbre, con calma y rezando con ellos. Creo que al poli le ha llamado la atención y no se lo esperaba. Juntos volvemos hasta el puesto de control donde entró en el vehículo y nos despedimos con un apretón de manos… Por lo menos creemos que lo del ébola y lo de no tocarse, es algo que se puede considerar pasado.
       Vuelvo visitando a otras familias y haciendo tiempo para la hora del rosario, que es a las siete y ya es noche oscura. Hay un nutrido grupo de gente y me dicen que aunque el mes de octubre ha acabado, han decidido continuar unos días más con el rezo.
       Finalizado el rosario comenzamos la reunión que habíamos concertado y ninguno de los líderes de la comunidad está presente. Me lo tomo con calma y veo lo que se puede hacer. Me vuelven a preguntar por qué no vengo donde ellos el domingo por la mañana a rezar y les explico, lo que ya les he dicho en otras reuniones, que ha habido quien se les ha adelantado, que otros tres pueblos han venido a pedirme que vaya a rezar con ellos.
        A estas alturas, llegan dos de los líderes de la comunidad y tratan de justificarse. No le doy ninguna importancia y mantengo la calma. Me vuelven a presentar los mismos argumentos y volvemos de nuevo sobre  lo mismo tratado antes. Y finalmente me sugieren volvernos a encontrar el próximo jueves, cosa que acepto y les digo que no es la primera vez que me pasa que vengo y no les encuentro. Hoy me han prometido y asegurado que estarán presentes.
        También le hago saber a uno de los dos que han venido, que espero que se presenten en buena forma y no como han venido hoy, por lo menos uno de ellos que tenía más alcohol en el cuerpo de lo necesario, algo que por lo que voy viendo no es raro en el personal.  De vuelta a casa pido por ellos a Dios mientras rezo el rosario, pues creo que un poco de oración a todos nos viene bien.

        Son casi las diez y el día ha sido largo, pero creo que ha merecido la pena y estoy contento de pensar en lo que he vivido hoy y en lo que me espera mañana, que también tengo la celebración de los difuntos en otro pueblo. Y le pido al Señor la fuerza para continuar con el trabajo, a la vez que le doy las gracias por lo que me permite vivir con ellos y por poderlo compartir con vosotros. Gracias. Antonio.