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domingo, 10 de julio de 2016

10 de Julio de 2016

Domingo

Suena el despertador. Tengo la sensación de haber dormido bien y estar en forma. Preparo las cosas que llevo a los pueblos y salgo lo antes posible, pues el camino es largo. Lo que antes me llevaba media hora escasa ahora es una hora, y es que el agua deteriora el camino y los agujeros son numerosos y no te permiten avanzar.
Hay ambiente de humedad y una cierta niebla. La gente va llegando, pero un poco más tarde que otras veces. Creo que es porque amenaza lluvia y está nublado lo que les hace tardar más, pero antes de la hora están presentes en buen número. Me dicen que el domingo pasado hubo más de cien en la eucaristía.
Después de la misa hay gente que me habla de plantar árboles y los maestros de cómo preparan el final del año académico en la escuela. Viendo lo difícil del camino, les sugiero tener una reunión con ellos después de la misa cuando venga el martes, que así no tengo que viajar dos veces.
En Tikonko las cosas están preparadas y la gente va viniendo con una cierta calma y retraso. Están presentes el jefe y su mujer y en la homilía hago referencia a la reunión del viernes, haciendo ver que si queremos tener una comunidad cristiana lo primero que hay que hacer es rezar juntos. Les hago ver que es la forma de tener cosas en común y de hacer cualquier actividad en grupo, pues la oración motiva a los que la hacen. Me prometen que lo van a hacer y el jefe al final de la misa les anima a que se organicen para ello.
El camino es complicado y lleva su tiempo el recorrerlo. Cuando llego a Towama es un poco más tarde que otras veces. Hay algunos que esperan, pero seguimos con el problema de los retrasos, hoy en particular la coral. Intento tomarlo con calma y no hago comentarios, pues me parece que ellos son tan conscientes como yo de la situación y entonces no merece la pena remachar un clavo que todos saben que hay que remachar.
En la vuelta a casa hay gente que se apunta a entrar en el vehículo, unos para que les acerque a su casa y otros que vienen a Bo, así que siempre estoy acompañado. Cuando llego aquí todavía no han acabado la misa, que hoy celebra uno de los que se ordenaron ayer, que tiene relación con la parroquia y hay ambiente en la iglesia, pero yo estoy cansado y con ganas de dormir, por lo que me tomo un plato del arroz que me han dado en uno de los pueblos y luego  me acuesto y duermo largo rato.
Cuando me levanto, Joseph está comiendo y le acompaña uno de los catequistas del centro de pastoral. Mientras comen les acompaño y hablamos de varios temas, hasta que alguien llama y resulta ser un señor que trabaja en los pozos, la gente que esperábamos hace días y que no sabíamos nada de ellos. Por lo que me dice, ha habido una falta de comunicación y ellos han venido y han comenzado el trabajo sin que nosotros estemos al corriente, pues quien tenía que avisarnos desde la capital no lo ha hecho.
Para mí es una sorpresa que no me esperaba, pero veo que el problema que ha habido es la falta de comunicación. Ellos han trabajado en el sitio donde les han dicho, pero nosotros no sabíamos que estaban allí. Les ha costado bastante el trabajo, pues han perforado en tres sitios distintos antes de encontrar el agua. Cuando acompaño al que ha venido al sitio donde trabajan, veo que no es donde yo había elegido, pero no les hago cambiar el emplazamiento, pues aunque hay menos agua, es suficiente para las necesidades de la escuela y el lugar que tienen es mejor que el que yo había previsto, pues está un poco retirado del centro por donde todos pasan.
Recobrado de la sorpresa de tener a los de los pozos, les acompaño para ver otro sitio donde hay una bomba que reparar y planificamos la ida a los pueblos para dos días después, con lo que les dejo en su trabajo y me vuelvo a casa.

Tenemos luz y organizo las cosas. Lavo los platos que se ha acumulado en la fregadera y voy a rezar, mientras Joseph, que es forofo del fútbol va a ver el partido de la final de copa europea. La luz se va y, después de estar un rato leyendo con la linterna y ver que no hay conexión, me voy a dormir, esperando mejores momentos, por si la luz viene, cosa que sucede y me permite poner al día la crónica y cargar las baterías.

sábado, 9 de julio de 2016

9 de Julio de 2016

Sábado

Tenemos luz y da gusto poder hacer el aseo sin necesidad de la linterna y viendo lo que haces. De todas formas, disfrutar es libre elección y lo puedes hacer siempre que te lo propongas. En la capilla estoy un rato de oración en el que me siento a gusto, antes de ir a la iglesia para la misa con los que han venido, que no son muchos, pues hay ordenaciones luego y algunos van a participar en la ceremonia.
Después del desayuno preparo algunas cosas par la tarde y vamos hacia la iglesia que tienen los espiritanos en la salida de la ciudad hacia el este. Llegamos con cierta antelación y hay sitio para aparcar y tiempo que dedico a rezar.
Cuando viene el obispo vamos a saludarle y veo que nos acoge con aprecio a los salesianos que estamos juntos. La ceremonia comienza puntual y la cosa está bastante bien organizada. Hay sitio suficiente para los presentes y las cosas siguen a buen ritmo. Intento centrarme en lo que celebramos y revivir lo vivido hace ya muchos años y así estar en la ceremonia en cuerpo y alma.
El tiempo se va pasando y los protocolos después de la ceremonia son largos, lo que me permite hasta echarme una cabezada. Acabamos más de las dos y el problema ahora es para salir con el vehículo, pues el desorden y la desorganización hacen que cualquiera aparque donde puede y mejor le parece y ahora salir es poco menos que una proeza.
Cuando llego a casa ya son casi las tres y, después de comer un poco, salgo hacia los pueblos, que ahora lleva tiempo el recorrer el camino. En Tikonko hay parejas que me esperan y juntos vamos a Nagoyon donde nos visita la lluvia, pero no nos impide hacer la reunión. Las parejas avanzan en número y calidad y, aunque algunos de los que suelen venir siempre no están, otros se hacen presentes, y las cosas van en positivo. Se ve que se avanza, aunque a lo mejor quisiera que fuera más rápido, pero lo que hay es bueno.
En Tikonko no tenemos gente para el catecismo y, después de esperar un rato y ver que no se presentan, decido venir a casa. Hay quienes me siguen para sus asuntos en la ciudad. El camino está mojado, pero no muy complicado y el vehículo responde.

Joseph tiene la visita de un cura de Ghana que conoce y salen a dar una vuelta y a casa de conocidos. Yo estoy con cierto cansancio y, como la luz nos ha dejada, también me acuesto pronto, no sin antes consultar el correo y las noticias, aunque la conexión es mala.

viernes, 8 de julio de 2016

8 de Julio de 2016

Viernes

Amanecemos sin luz. Después de la misa de la mañana, tengo un rato de clase con el profesor de lengua local. Nos lo pasamos bien juntos, pues disfrutamos de la clase; yo de cómo me la da y él de verme interesado y contento con lo que me enseña.
Desayuno a la carrera y voy a Balei a decir la misa del final del año en la escuela. Hay buen ambiente y no mucha preparación. Se suman algunos del coro que animan los cantos. Y les reparto los caramelos que había preparado para el otro día. Están más que felices con ello y van al campo de fútbol donde han organizado un partido.
A la vuelta intento de nuevo contactar con la ong y su responsable en la zona, pero como de costumbre, no está presente. Hay un buen número de gente que se apunta a viajar de varios colores y pelajes. Desde los que vienen a un funeral a los que van a visitar un enfermo en el hospital y otros que no me han dicho el motivo, pero el vehículo está lleno.
En casa Joseph ha tenido también una misa con los alumnos de otra escuela y  nos encontramos un momento, pues tiene otro encuentro con un grupo. A la hora de comer  me preparo algo de las latas y después de la siesta salgo hacia los pueblos.
El camino es largo y cada vez más deteriorado. En Cassama me dicen que este año las lluvias vienen con retraso, pues el nivel del río aún no ha subido mucho, aunque ya lleva buena cantidad. La reunión hoy es tranquila, pero tratando temas que les hago ver que tienen que asumir y que no noto que estén en ello. No comparten lo que han vivido durante la semana, signo de que no lo hacen bien en pareja. Tampoco les preocupa el que otra pareja tenga problemas, lo que me dice que no van a rezar con los demás y no son amigos los unos de los otros. Se dan cuenta de que lo que les digo es la realidad y ven que lo que hay que hacer es tomarlo en serio, cosa que me prometen que van a hacer. Por lo menos la sensación que tengo es de que se han tomado en serio lo que les digo y que ven que es lo que tienen que hacer. Veremos el resultado que da.
En Gbalehun seguimos con poca gente y hoy les llama la atención el que les leo el evangelio en su lengua y lo entienden bien y son capaces de repetir lo que les he leído. Pero han olvidado lo que me prometieron la semana pasada y sólo uno ha venido con alguien nuevo, lo que aprovecho  para invitarles a repetir la cosa esta semana y hacerles ver que hacerlo es posible, pues alguien lo ha hecho.
En el camino hay gente que viene hacia casa y están contentos de entrar en el vehículo. Cuando llego a Tikonko, el pueblo importante en el camino, me encuentro con un buen grupo de gente que viene a la oración que están en la casa del jefe y me esperan, pues les había dicho que volvería hacia esta hora.
Tenemos una reunión con el jefe y su esposa presentes. Les digo que no son serios a la hora de la oración y que no están motivados para el trabajo en la parcela que tienen alrededor de la iglesia. Les hago ver que el jefe les ha conseguido el terreno y ellos no han hecho ningún esfuerzo y así no le dan el valor que tiene. Les comento también que la oración en grupo es la forma de tener algo en común y estar motivados para hacer cualquier cosa que se propongan. Les hago ver que hace seis meses que les sigo de cerca y conozco por donde andan las cosas y si quieren seguirme lo que tienen que hacer es rezar juntos y venir al catecismo, que estoy disponible para ellos.
Tienen también pendiente el plantar árboles en la parcela de la iglesia, pero no estoy seguro de que lo vayan a hacer ahora mismo. Por lo menos hemos quedado en que mañana podemos seguir con las cosas que quieren cuando nos encontremos a la hora del catecismo.
Es tarde y el camino lleva tiempo. Llego a casa más de las diez, cansado y contento de ver que podemos estar en camino de solucionar alguna cosa en un pueblo.

En casa no hay luz ni conexión. Después de cenar aparece Daniel, el salesiano que está en Lungi y que ha venido unos días de vacaciones. Joseph está cansado y se va a acostar. Viene la luz y entonces pongo las baterías a cargar y trato de hacer la crónica, con lo que me dan las doce, buena hora para pensar en dormir, pues mañana a las cinco comenzamos nueva jornada.

jueves, 7 de julio de 2016

7 de Julio de 2016

Jueves

Voy a rezar a Matru, donde está presente el grupito de costumbre. Sigo esperando que me presenten el grupo dispuesto a hacer catecismo y seguimos en las mismas, así que nos toca seguir esperando.

En casa, después del desayuno, toca estar presente en la iglesia, pues es el día de la adoración. Por la mañana hay poca gente. Por la tarde aparecen algunos más. El grupo de la adoración está rezando durante más de dos horas y en la misa seguimos siendo el grupito reducido de otras veces. Por lo menos algunos van viniendo regularmente y también hay quienes se acercan al confesonario.

miércoles, 6 de julio de 2016

6 de Julio 2016

Miércoles

Voy a rezar con la gente de Towama. Además de los de siempre hay un grupito de estudiantes de la uni que se unen y a los que al final invito a hacer catecismo. Esperemos que la semana que viene, a esta misma hora, estén disponibles.
A la vuelta a casa no encuentro al mecánico y espero una mejor ocasión, pues parece que los ruidos del coche de ayer han desaparecido.
Hablo con la monja de la uni y le llevo la máquina de coser que teníamos en espera del momento de darla a la señora que tiene el hijo sin brazos ni piernas. Ha encontrado un grupito de estudiantes dispuestos a acompañarla en el trabajo y juntos se proponen hacer alguna cosa para ayudar a los que lo necesitan. Les animo en el trabajo y les prometo mi apoyo en lo que pueda.
La reunión de los monaguillos que habíamos previsto para esta tarde en el pueblo, no tiene lugar, pues se han ido con los críos musulmanes que están festejando el fin del ayuno. Y es que para las fiestas, todos se apuntan.

Estamos sin coci y sin luz, pero nos las apañamos bien para la comida, pues hay suficientes existencias de lo que llegó en el contenedor.

martes, 5 de julio de 2016

5 de Julio de 2016

Martes

Ha llovido por la noche y la temperatura es fresca. Lavarse por la mañana cuesta un poco por la sensación de frescor, pero no va más lejos, pues la temperatura de la habitación es de veinticinco grados. Es martes y me toca ir a Nagoyon, donde la semana pasada no pude llegar. El camino está un poco seco y puedo pasar sin problemas, pero donde antes era menos de media hora, ahora son tres cuartos de hora largos el mismo recorrido.
La gente espera rezando el rosario y otros van llegando, en el momento que amanece. Lo que sirve de capilla, un reducido recinto, está lleno, y compruebo que hay algunas caras nuevas. Al final les reparto unos caramelos que llevaba para la escuela, pero no tienen clase y por eso les he repartido a los que vinieron a misa.
De vuelta me paro un momento en Tikonko para hablar con la mujer del jefe. Nos ponemos de acuerdo que durante la semana buscaremos un tiempo para encontrarnos y poder tratar el tema de la limpieza del terreno de la iglesia y la presencia de los catecúmenos.
Joseph está desayunando con alguien que fue su compañero de estudios y un rato seguimos la conversación sobre temas del momento y de la parroquia. Están preparando la primera misa de un cura que se ordenará el sábado y hay mucho que organizar.
Voy un momento a la cáritas para saludar a los que están en la oficina y ver si están en disposición de trabajar en pozos, pero no está la persona con la que quiero encontrarme.
Por la tarde debería ir a los pueblos para el catecismo, pero el coche ha comenzado a hacer unos ruidos en la pista que me dicen que quizás es mejor ver al mecánico y no darle muchos viajes.

La luz viene y se va y la conexión a internet es tan débil que difícilmente pasan los mensajes, pero por lo menos pasan, que no es poco.

lunes, 4 de julio de 2016

4 de Julio de 2016

Lunes

Me despierto temprano y con luz que me permite hacer el aseo viendo lo que hago. Voy a rezar un buen rato a la capilla en el silencio de la mañana y luego me uno a los que vienen  a la misa en la iglesia que hoy vienen en número aceptable.
Hoy también ha venido mi profe a la misa y después juntos estamos trabajando un buen rato en la lengua, leyendo, dando entonación a la lectura y traduciendo lo que voy a leer del evangelio durante la semana y el domingo en los pueblos.
En el desayuno trato de conectarme a internet pero no hay manera. Después tengo una misa de fin de curso con los alumnos de una escuela. Vienen a la iglesia y al final hay más de doscientos. Se ve que tienen buena voluntad, pero no llegan mucho más lejos, pues ni las respuestas de la misa se saben. Y es que es algo general el que los cristianos no hacen catecismo y no saben casi nada al respecto.
Cuando salgo voy a pagar la factura de internet, es la cuarta vez que lo intento, y me dicen que siguen sin conexión, pero por lo menos me han cogido el dinero y me prometen tener un rato de conexión durante el día, que me avisarán. Y es cierto, pues me llamaron y, como estaba en casa, pude abrir el ordenador y recibir correos y leer noticas, pero fue sólo durante un rato. Después no hubo más.
También anduve visitando los de los viveros, pero unos me dicen que no les quedan árboles y otros que estaban en reunión, total que vuelta a casa y, como estoy solo y hemos licenciado a la coci, me preparo unas cuantas cosas de las latas del contenedor.
En la siesta y el resto de la tarde la lluvia nos acompaña, haciendo que la tarde parezca triste y gris, pero estoy preparando lo que voy a hacer mañana y leyendo lo que esta mañana vi con el profe de lengua, así que el tiempo se me pasa volando

Más tarde viene Joseph cansado del viaje desde Lungi y contento de estar en casa. Juntos compartimos un rato la conversación intercambiando noticias y luego se va a llevar a un pueblo a un salesiano que le ha acompañado en el viaje. Le espero un rato, pero como tarda y mañana tengo que madrugar, me voy a dormir… Y unos minutos después escucho el ruido del vehículo que entra en casa.

domingo, 3 de julio de 2016

3 de Julio de 2016

Domingo

Repetimos le esquema de los domingos. Salgo pronto para poder estar con tiempo en el sitio y ahora que el camino se deteriora hay que tomarse le tiempo de recorrerlo con calma. Hoy puede llover y han preparado la oración en la capilla que es incapaz de contener a todos y hay unos cuantos fuera.
En el país celebramos hoy la fiesta de san Pedro y así les hablo de los cimientos de la iglesia y d la confesión en el año de la misericordia. Intento cada vez hacer un poco de catecismo y ayudar a los que nada o casi nada conocen de ser cristiano, pues cada vez veo caras nuevas y gente que se va sumando a la oración cada semana.
Hay un buen grupo que quieren venir en el vehículo, de forma que está lleno a pesar de que la lluvia amenaza con venir. Por lo menos no es fuerte que les moje demasiado y en Tikonko hay varios que se sumen a la misa, lo que hace que haya un número aceptable. Hay también algunos que han venido de fuera y que están de paso, que también han venido a misa. Pero la realidad es que no hay elementos regulares que vengan y tiren de los demás y me pregunto si en vez de decir la misa no tengo que volver a la celebración d la palabra y catecismo hasta que haya gente que pueda liderar la comunidad.
Hay un buen trozo del terreno que está limpio, pero lo han hecho gente que ha enviado la mujer del jefe. Me parece bien como iniciativa y buena voluntad, pero la realidad es que lo que se necesita no es gente que venga de fuera, sino que los de casa se sientan responsables de su terreno y respondan de tenerle limpio.
En la etapa siguiente del viaje hay también viajeros que se apuntan y de nuevo le vehículo está lleno. Cuando llegamos a Towama las cosas están más o menos preparadas. Hay un momento de lluvia más o menos fuerte y la gente va llegando a la iglesia. Hoy son más que la semana precedente  y el coro está a la hora. Les felicito por el encuentro de ayer y nos entendemos para los cantos que van a cantar.
Después de la misa también hay gente que quiere viajar y de nuevo el vehículo está lleno, además la lluvia amenaza y acaba cayendo antes de legar a la ciudad, donde voy dejando pasajeros en diversos sitios.
En casa Joseph y los trienales tienen ya las cosas preparadas y salen de viaje bajo la lluvia. Les deseo buen viaje y hasta la vuelta.
Me echo un rato la siesta que ahora es agradable porque no sudas mucho y después leo un rato, pero no hay conexión con internet, así que no puedo seguir ni las noticias ni el correo. Más tarde sale el sol y me doy un paseo por los alrededores que están llenos de gente y muchos que están jugando a fútbol. Y es que el domingo es el momento en que tienen costumbre de juntarse para jugar.
Después de cenar rezo un rato y luego me entretengo con el guardián que es nuevo y con quien tengo mis problemas de comunicación pues no habla inglés. Está muy contento porque he compartido con él la cena que me habían dado en los pueblos.

Hay un rato en que viene la luz, pero seguimos sin conexión a internet. Logro dormir bien durante la noche a pesar del ruido que hace el agua de vez en cuando en los chaparrones que se suceden con regularidad.

sábado, 2 de julio de 2016

2 de Julio de 2016

Sábado

Amanece tranquilo y en calma, con el frescor de la lluvia de ayer y sin luz, pero el generador nos permite celebrar una misa agradable.
Después del desayuno tengo un rato de conversación con Joseph y vemos el momento para ir de vacaciones los trienales y lo que tenemos entre manos de la casa y reuniones.
Como el coche ha amanecido con una rueda pinchada, me paso un buen rato para arreglarla, y al mismo tiempo haciendo limpieza de la habitación y colada.
Recibo una llamada del provincial y me pregunta si estoy dispuesto a seguir en el trabajo que estoy haciendo y encargarme de algo más, y le respondo que lo que me pida y lo que pueda hacer, estoy encantado de hacerlo y a disposición para lo que necesite.
Espero encontrarme con alguien que me ha dado cita, pero no aparece y al final me voy a los pueblos con los papeles para firmar, pero sin quien me había prometido acompañarme. Entrego los papeles a quien tiene que firmar y me dice que se tomará un par de días para saber con certeza si están de acuerdo los donantes del terreno y vecinos.
La reunión de parejas va marchando. Hoy por primera vez hemos sido una veintena los adultos presentes, había siete parejas y el resto desemparejados, pero con esperanza de arreglar la situación. Hay desde los que empiezan a los que están consolidados y varias parejas que no están presentes por estar la granja lejos.
Les he hecho ver de nuevo la característica de la buena noticia de Jesús, que hombre y mujer llegarán a ser uno, algo que la tradición no sabe ofrecer y otro aspecto importante, les invito a que miren a los críos que tenemos alrededor y a ver cómo las parejas que rezan juntas, tienen unos críos muy felices, mientras que las que tienen problemas, la realidad es diferente. Creo que les ha llamado la atención la observación, pero es la realidad bien diáfana. Y así les he invitado a que estén unidos para tener a sus hijos felices.
En Tikonko hay dos para el catecismo y después de esperar un rato y ver que no hay más candidatos, me vengo a Towama, donde encuentro al coro ensayando y me paro un rato con ellos intentando ayudarles en lo que es la preparación de los cantos de mañana, que tienen problemas porque han cambiado el calendario litúrgico.

Estoy contento de haber podido encontrar a los del coro y pasar un rato con ellos y estoy seguro que la misa mañana será bien diferente de otras veces.

viernes, 1 de julio de 2016

1 de Julio de 2016

Viernes

Por la noche estuvimos sin luz, pero los relámpagos iluminaban la oscuridad y la lluvia cayó abundante, lo que hizo que no hubiera mucha gente para la misa por la mañana, que también estuvo acompañada por la lluvia abundante.
Después de desayunas hablo un momento con Joseph y decidimos ir juntos a ver al obispo, pues tiene asuntos que tratar y yo tengo unos papeles de terrenos en los pueblos para firmar, pero cuando acaba la lluvia voy a visitar a un grupo de gente joven que han formado una asociación y trabajan en el campo. Me han invitado con interés, que les venga a ver y lo hago con gusto. Veo los trabajos que están haciendo en el campo y saludo al grupo que se ha reunido. Me parece que tienen interés en que les ayude económicamente, pero les he dicho que mi prioridad son los niños en las escuelas, que ellos son adultos y pueden valerse mucho mejor, en especial ellos que han hecho estudios.
Me muestran varios sitios en los que trabajan y les animo a que sigan haciéndolo, y también les digo que aconsejar y animar es posible, pero económicamente tengo las cosas comprometidas con los alumnos de las escuelas. Después de hablar un rato con ellos y animarles en lo que hacen me vuelvo, pues el tiempo se pasa y donde estoy no hay señal para el teléfono. Cuando consigo señal, Joseph me hace saber que el obispo está ocupado y que no nos puede recibir. Llevo los papeles para que los firme y vengo a casa esperando que los pueda tener para mañana llevarlos a que los firmen en los pueblos.
Antes de salir hacia Cassama, Joseph me da los papeles firmados por el obispo. Me voy tranquilo, pero el camino ahora es largo, cuesta hora y media recorrerlo. La lluvia trae su bendición para los campos, pero sus problemas para los caminos. Además al principio les cuesta venir y pienso en qué voy a hacer, pero luego, aunque con retraso vienen unos cuantos con los que intento mantener un diálogo sencillo, pero muy claro que si no vienen y si no veo progresos en las reuniones, me lo pensaré antes de venir y en especial ahora con las lluvias.
Les recuerdo que cuando vine al principio me dijeron que hacía treinta años que no venía un cura, pero ahora les puedo decir que hace más de sesenta veces que vengo cada viernes y empiezo a preguntarme si merece la pena seguir viniendo.
Veo que quieren que venga, pero les pido que me lo digan con las obras, no de palabra. Les hago ver que les hablo y no siguen lo que les pido que hagan, pues ha habido parejas que se han peleado de nuevo, lo que implica que no rezan juntos y también que no van a rezar los unos con los otros, pues no se preocupan por las parejas que tienen problemas. Y se dan cuenta de que lo que les digo es verdad y les hago ver que si queremos hacer comunidad es así como tenemos que proceder y ser amigos primero la pareja y luego los hombres con los otros hombres del grupo y las mujeres con las mujeres… Y es que lo que hay debajo es la desconfianza africana que siempre veo al otro como un posible enemigo en vez de verle como un hermano o un amigo, como nos enseña Jesús… Y les pregunto si me ven como su amigo personal y cercano y me responden afirmativamente; y la pregunta es clara, si conmigo sí, por qué con los otros no… Y necesitamos tiempo y paciencia y convertirnos. Y ahí estamos.
En el otro pueblo, Gbalehun, seguimos con los críos y muy pocos adultos e intento adaptarme a ellos y contarles un cuento y, como no son muchos, pedirles que la semana que viene vengan con alguno más, amigo o vecino, cosa que me prometen.
El camino de vuelta es largo, pero no muy complicado porque, aunque ha llovido, ya ha habido un poco de tiempo de que seque, y está practicable. En casa Joseph me dice que estaba preocupado, en especial porque había llovido fuerte, pero en el camino no tuvimos lluvia.

No hay luz, pero con la batería sigo las noticias y escribo la crónica.