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martes, 14 de junio de 2016

14 de Junio de 2016

Martes

Me levanto temprano, pues tengo que ir a decir la misa a Nagoyon, pero debo descargar antes los víveres en la escuela de Balei para la comida del jueves. La noche la he pasado bastante bien. He logrado dormir y estoy en una cierta buena forma, dentro de las posibilidades.
En el camino tengo mis dificultades con la niebla que es abundante y con los cristales del vehículo que se empañan por fuera y por dentro y que me hacen tardar más de lo que pensaba, por lo que llego justo de tiempo. Los maestros me ayudan a descargar lo que llevo en la escuela y acto seguido vamos a la misa, que hoy está concurrida. Le digo al catequista que cuente los presentes y me da setenta y cinco… Un martes, a las seis de la mañana… Más gente que en la parroquia… Por lo que doy gracias a Dios.
El camino de vuelta a Bo es con mucha gente, algunos que vienen al hospital, otros aprovechan el viaje y tres alumnos de la escuela que me ayudarán a cargar los anacardos que llevaremos de vuelta a la escuela.
En el camino me paro en la oficina de los ong que sigo hace tiempo, y todavía no están presentes los que me pueden atender. Lo mismo me pasa cuando llego para la cuestión de los árboles: antes de las nueve no se mueve nadie. Me voy al hospital, dejo a la gente y vuelvo a la oficina de agricultura donde encuentro quien me recibe amablemente e incluso me presenta al jefe, quien después de escuchar lo que le dice que hago plantando árboles, me da las gracias por lo que hago. Yo aprovecho para agradecerle el que pueda encontrar los árboles para plantar, pues en otros sitios he sido yo quien ha tenido que hacer el trabajo y ellos me lo dan hecho y eso es de agradecer. Creo que está sorprendido por la respuesta, pero contento de que también les reconozca el trabajo que hacen.
Después bajamos a la lucha por los arbolitos. Primero llevar a quien me va a permitir entrar en el vivero, que está de ayuno y me pide que le dé algo. Luego los que están allí que quieren también ver qué les voy a dar. Todos los presentes que miran cómo el blanco ha llegado con tres alumnos de escuela con uniforme y cómo están cargando pacientemente los árboles. Les sorprende verme ordenando precisamente los arbolitos en la caja de la furgoneta y ver que trabajo como cualquier otro. Nos lleva casi una hora el trabajo y al final hay casi quinientos anacardos que irán a la escuela para ser distribuidos y plantados por alumnos y padres de alumnos.
Al final todos esperan que les dé alguna cosa y, como por arte de magia, salen las galletas maría que llegaron en el contenedor, que tenía en la mochila, preparadas para los alumnos que me ayudan a cargar. Se las doy a los del vivero y están encantados; pero tengo que volver a casa, pues se me han acabado las que tenía y no me quedan para los alumnos. También es un alivio, pues me permite un momento de descanso y tomar las pastillas del paludismo que estoy a punto de acabar.
El viaje a la escuela es sin novedad. La descarga rápida, pues ya lo han hecho otra vez y tienen la experiencia de cómo hacerlo. Todos están contentos y hay ambiente de alegría en los alumnos. Se les ve motivados y con ganas de plantar los árboles.
La hora se me ha echado encima, pero aprovecho para pasar por la ong y ahora sí he podido ver a alguien que conozco y me ha prometido que el jueves podré encontrarme con el jefe, que está muy raramente en su despacho.
Cuando vengo a comer es tarde y estoy cansado, pero muy contento del trabajo de la mañana y en cuanto acabo la comida me echo un rato la siesta para reponer fuerzas. Se ve que el paludismo está presente, pero aparte de sudar, no hay muchos más efectos, lo que me anima a volver otra vez a la escuela y al catecismo que tienen por la tarde.
Estaba también dispuesto a dar una charla a los jóvenes del pueblo, pues no han participado en la sensibilización que he hecho a los otros y no quiero que se queden fuera, pero me han dicho que no han tenido tiempo de avisar a todos y que es mejor la semana que viene, con lo que vuelvo a casa lo antes posible y trato de no forzar las cosas, pues el paludismo sigue presente y la debilidad se nota.
Después de cenar leo un momento las noticas en internet y me acuesto, que el cansancio se deja sentir, pero la sensación es muy agradable el haber podido pasar un paludismo de pie y trabajar a buen ritmo durante todo el día. Creo que es una gracia de Dios el que haya podido pasar el paludismo así, pues me ha permitido hacer todo lo que tenía previsto sin causar contratiempos a las personas que contaban conmigo.


lunes, 13 de junio de 2016

13 de Junio de 2016

Lunes

He pasado la noche bastante bien. Sudo y me cambio la camiseta y logro dormir lo suficiente para estar en cierta forma por la mañana. Joseph se ha levantado para la misa, pero me deja presidir porque no está en forma para ello.
Después del desayuno tenemos un rato de reunión comunitaria. No me entero de mucho porque los efectos de las pastillas para la malaria se hacen notar en los oídos y no oigo bien. Viene Lothar, el salesiano que está en Freetown y que está a punto de partir de vacaciones y nos saludamos un momento. Tiene asuntos que resolver de los niños de la calle y por eso ha pasado por aquí, además de venir a despedirse.
Me paso el resto de la mañana planificando cosas que tengo que hacer durante la semana y tratando de no dormir para poder echar bien la siesta y ver si puedo vencer la malaria, cosa que logro. Después de comer duermo un buen rato y sudo abundantemente. La tarde la paso leyendo y de reposo, pues la malaria no te permite alegrías que luego pagas.
Después de cenar tengo una reunión con Joseph en la que tratamos de los jóvenes que están con nosotros, en particular de uno que ha pedido renovación de votos y de quien tenemos que enviar un informe a la provincia.
La luz viene y va y en los ratos intermedios trato de ponerme al día en las noticias, pero la conexión es tan débil que a duras penas veo alguna cosa en un periódico.

También preparo los víveres que llevaré mañana a la escuela de Balei, donde el jueves celebraremos con ellos el día del niño africano. Hemos pensado en estar con ellos y alegrarles un poco la vida con la comida que prepararán los maestros.

domingo, 12 de junio de 2016

12 de Junio de 2016

Domingo

He logrado dormir por la noche y me encuentro en relativa forma, lo que me permite afrontar la labor de decir las misas de cada domingo. Me acompaña Marta que tiene muy buena impresión del primer pueblo a donde vamos, donde estuvo ayer. Solemos decir la misa fuera de la iglesia, pues es pequeña y no hay sitio, pero hoy hay tanta humedad que las hojas de los árboles dejan caer abundantes gotas de agua y lo noto en los libros en especial… En un momento en la homilía les pregunto por qué lloran los árboles… Les digo que espero una respuesta ingeniosa la semana que viene.
En Tikonko la gente se hace de rogar, pero al final aparece un número aceptable, alrededor de los cincuenta y siento el cansancio de la malaria y me siento un rato antes de continuar, pero la cosa no va más lejos y puedo acabar sin mayores problemas.
Han limpiado una parte de la parcela, pero queda mucho trabajo por hacer y parece que  no hay mucha disponibilidad. Habrá que espolearles para que hagan lo que tienen que hacer en su terreno.
En Towama Marta se queda fuera, pues tres misas es demasiado para ella. La homilía la hago sentado, lo que me permite no estar tan cansado y hablarles largo y tendido de la confesión, pues la pecadora es quien está justificada y no el fariseo.
Volvemos a casa, comemos y me voy un rato a descansar, pues tengo que seguir luego con otra reunión de los responsables de las comunidades. Marta está a la espera de que vengan a recogerla los que vienen del pueblo y juntos ir hacia la capital.
Yo voy a la reunión y recojo a los que esperan. Joseph, que tiene que venir, tiene malaria y hace un enorme esfuerzo para estar presente. Habla a los responsables de la necesidad de informar y dar cuentas de las actividades que hacen en los diferentes pueblos y amonesta a los de Tikonko para que limpien le terreno. Creo que ha estado muy comedido, siendo también muy claro en lo que queremos hacer con ellos y que la gente de los pueblos tienen que ser conscientes de que tienen que colaborar y tener iniciativas y no esperar que todo se lo den.
La vuelta a casa para mí es aparcar el vehículo y marchar a acostarme. Joseph ha ido al hospital a ponerse una inyección. Esperemos que con ello las cosas vayan a mejor y el paludismo ceda.


sábado, 11 de junio de 2016

11 de Junio de 2016

Sábado

En la misa hoy hay dos bautizos de bebés, lo que hace que sea un poco más larga, pero por lo menos hay ambiente y participación y un poco más de gente que los otros días.
Después del desayuno voy a la habitación de las visitas, pues espero que venga Marta, la cooperante que trabaja en la capital y que se ha unido a un grupo que vienen para un funeral en un pueblo. Como vienen en el camión, es lento y además tienen problemas, pues un bache les  hizo perder bastante tiempo, pero finalmente llegaron y Marta comió con nosotros y después de un momento de reposo salimos hacia los pueblos.
Hoy el personal está retrasado y en Tikonko no encuentro a nadie disponible para la reunión de las parejas. En Nagoyon hay un grupo aceptable y una lluvia molesta que martillea en las chapas del tejado y que no permite que nos entendamos al hablar, pero acaba pasando y los comentarios que comparten son interesantes. Marta, la cooperante me dice que le ha gustado lo de las parejas, en particular la idea de rezar juntos y que se propone hacerlo con su novio.
La lluvia ha aminado un poco, pero luego se reaviva y cuando llego a Tikonko para el catecismo no hay nadie. Espero pacientemente un rato y aparece una persona, pero viendo que los otros no van a venir opto por una retirada a tiempo, antes de que anochezca y pueda tener problemas en camino con la lluvia.

En casa hablo un buen rato con Marta para que vea los proyectos que tenemos y se pueda hacer una idea de lo que debe hacer a la hora de formular peticiones. Ella me cuenta muchas de sus experiencias en la capital y los proyectos que tienen entre manos. Luego nos vamos a dormir, pues mañana nos espera día largo y además me siento que el paludismo se acerca, por lo que he comprado las medicinas en la farmacia y las empiezo a tomar.

viernes, 10 de junio de 2016

10 de Junio de 2016

Viernes

Amanecemos entre luces y sombras. En casa no hay luz, pero hay unas farolas solares en la calle que cuando hace viento los árboles de la avenida nos hacen ver unas sombras que nos dejan con las ganas de tener la luz más cerca. Joseph ha ido a altas horas de la mañana a Lungi y por la noche llueve y hace que el ambiente sea fresco y agradable el dormir con menos temperatura que  lo habitual.
Sin luz y con el generador tenemos la misa, donde me acompaña el diácono salesiano que está de vacaciones estos días y que se suele hacer presente de vez en cuando por casa.
A las diez tenemos la misa funeral por el señor que murió hace un par de semanas y que me toca oficiar. Los funerales son un acto bastante social y que muestran la manera de ser y de hacer de la gente de cada sitio. En el de hoy todos llevaban el traje igual y era de los comedidos. Suelo hacer el comentario que las ceremonias que se hacen para los muertos que matan a los vivos por las deudas que les hacen contraer no son cristianas, pero la fuerza de la tradición es grande mientras no haya un grupo consciente de hacer frente a algo que no tiene sentido, pero que no se discute, simplemente se acepta y se sufre.
Estamos dentro de los límites de la normalidad y trato de hacer lo mismo, incluso no ser largo. A la salida, como vamos a ir al cementerio de un pueblo, me encuentro el vehículo invadido de gente que ha subido sin decirme nada… Me siento en un apuro y les tengo que hacer bajar, pues ya había ofrecido el sitio a unos que habían venido del pueblo y a los que conozco bien…
En el pueblo el cementerio está lejos y por un sendero que, por suerte han arreglado un poco y podemos recorrer con cierto sol… No me lo imagino con lluvia… La ceremonia sigue la normalidad de las cosas y acabamos con el vehículo lleno con los que vuelven… Siempre que viajas hay voluntarios para desplazarse.
La madre de Daniel, el cura salesiano, nos ha traído la comida hoy, que la ha preparado ella, y es que la familia del fallecido le es cercana y tiene varias personas amigas en ella y por eso ha querido participar con ellas en ofrecernos la comida. Nos ha hecho un buen servicio, pues estando sin cocinera es algo que se agradece.
Por la tarde voy con ella a los pueblos, como solemos hacer cada viernes y hoy entre agua y sol, acabamos en Cassama donde hay bastante gente y parece que lo de las parejas se va empezando a recuperar, aunque habrá que dar tiempo al tiempo para ver lo que resulta. Por lo menos estiman positiva la visita de las parejas del otro pueblo de la semana pasada.
En Gbalehun hoy la cosa tarda y me da tiempo a visitar a algunos en sus casas. Parece que se hubieran puesto todos de acuerdo para contarme sus problemas, desde los que están enfermos, a los que se han peleado, o que la mujer no viene a rezar… Me pregunto qué hacer y por donde atacar. Se me ocurre contarles una historia y parece que la cosa tiene éxito, pues desde el que me traduce hasta los críos más pequeños me siguen y reaccionan a medida que se lo van traduciendo. Además me prometen que la semana que viene se van a acordar y que durante la semana practicarán la enseñanza…

Se nos ha hecho tarde y volvemos a casa casi a las diez, pero por lo menos no nos ha llovido y estoy esperanzado de lo obtenido. Otro día más y mejor…

jueves, 9 de junio de 2016

9 de Junio de 2016

Jueves

Por suerte amanecemos con luz, aunque se corte de vez en cuando. Voy a rezar a Mattru y la lluvia me acompaña, lo que hace que muy pocos estén presentes, pero por lo menos algunos participan. Y luego el transporte de gente que está dispuesta a viajar y que aprovechan el vehículo.
En casa no hay mucha actividad, aunque la iglesia está abierta. Como es jueves hay exposición, pero no muchos se hacen presentes. Habrá que tener paciencia y aprender a rezar por los que esperamos que un día vengan.
Al final de la adoración, para la misa ya había un grupo aceptable. Luego ha habido una misa de un velatorio, algo corriente por aquí, precedente de la misa de entierro que será mañana, un señor de un pueblo, Towama, que como la iglesia del pueblo es muy pequeña, buscan otra más grande y han acudido a nosotros por ser los que vamos a ese pueblo.

Por suerte tenemos luz, aunque haya habido muchos cortes durante el día.

miércoles, 8 de junio de 2016

8 de Junio de 2016

Miércoles

Voy a rezar a Towama. Hay la docena de otras veces, monja incluida, con la que estoy tratando de arreglar lo de la máquina para dar a la señora que tiene el hijo sin extremidades, pero sigo esperando, pues están acabando los exámenes en la universidad.
Me reúno un momento con Joseph que tiene un programa apretado y hablamos de varias cosas concernientes a la marcha de la casa. Estamos sin cocinera y nos las apañamos a la hora de la comida.
Por la tarde voy a Towama, pues en la uni todavía sigue la cuestión de los exámenes y luego habrá vacaciones, así que tardaremos un poco en volver a encontrarnos para rezar. En el pueblo me doy un paseo saludando a unos y otros. En los mismos lugares, las mismas cosas, en particular los estudiantes fumando y bebiendo… No sé cómo les podremos ofrecer algo mejor para hacer.

Como ayer seguimos sin luz y cuando a altas horas viene, leo las noticias y hago la crónica.

martes, 7 de junio de 2016

7 de junio de 2016

Martes

Hoy no tenemos luz para levantarnos y funcionamos con las linternas. Para la misa se enciende el generador y está con nosotros el diácono salesiano que está de vacaciones, que también desayuna con nosotros. El profe me da su clase con la competencia de siempre. Domina la lengua y la sabe explicar, lo que me hace disfrutar de algo que estoy aprendiendo.
En la reunión comunitaria seguimos viendo cosas a emprender y lo que nos queda a medio acabar, que van siendo los flecos que no llegan a concluirse. La habitación para poner la máquina de hacer las formas, el agua corriente para ducharnos y la cocinera, que sigue estando enferma y a quien no podemos seguir manteniendo, pues falta tanto tiempo que nos tenemos que hacer nosotros la comida con demasiada frecuencia.
Mientras Joseph está en una reunión yo llamo al obispo para ver si me puede firmar una carta de apoyo a una petición que hago de libros y me dice que si Joseph está disponible. Juntos vamos un rato más tarde y nos recibe con cariño y se muestra muy agradecido al trabajo que hacemos en la parroquia y en los pueblos.
Comemos sobras que han quedado de ayer, pues nos trajeron mucha comida y para la noche Joseph se ha encargado de pedir a alguien que nos prepare la cena, cosa que hacen bien.
La luz se va y vuelve. Un momento encendemos el generador, pero luego vuelve la luz y se vuelve a ir y así estamos durante bastante tiempo de la noche.

He tratado de contactar a los que me proporcionan los árboles, pero no ha habido manera. Habrá que seguir teniendo paciencia y ver cuando podemos recibir más.

lunes, 6 de junio de 2016

6 de Junio de 2016

Lunes

Hoy no tenemos luz para levantarnos y funcionamos con las linternas. Para la misa se enciende el generador y está con nosotros el diácono salesiano que está de vacaciones, que también desayuna con nosotros. El profe me da su clase con la competencia de siempre. Domina la lengua y la sabe explicar, lo que me hace disfrutar de algo que estoy aprendiendo.
En la reunión comunitaria seguimos viendo cosas a emprender y lo que nos queda a medio acabar, que van siendo los flecos que no llegan a concluirse. La habitación para poner la máquina de hacer las formas, el agua corriente para ducharnos y la cocinera, que sigue estando enferma y a quien no podemos seguir manteniendo, pues falta tanto tiempo que nos tenemos que hacer nosotros la comida con demasiada frecuencia.
Mientras Joseph está en una reunión yo llamo al obispo para ver si me puede firmar una carta de apoyo a una petición que hago de libros y me dice que si Joseph está disponible. Juntos vamos un rato más tarde y nos recibe con cariño y se muestra muy agradecido al trabajo que hacemos en la parroquia y en los pueblos.
Comemos sobras que han quedado de ayer, pues nos trajeron mucha comida y para la noche Joseph se ha encargado de pedir a alguien que nos prepare la cena, cosa que hacen bien.
La luz se va y vuelve. Un momento encendemos el generador, pero luego vuelve la luz y se vuelve a ir y así estamos durante bastante tiempo de la noche.

He tratado de contactar a los que me proporcionan los árboles, pero no ha habido manera. Habrá que seguir teniendo paciencia y ver cuando podemos recibir más.

domingo, 5 de junio de 2016

5 de Junio de 2016

Domingo

Como cada domingo salgo temprano hacia los pueblos. Hoy hace una mañana agradable y, como llovió un poco por la noche, hace un cierto frescor, sensación agradable para comenzar el día.
No he tenido ninguna interrupción en el viaje, lo que me permita llegar temprano al Balei y la gente ya estaba dispuesta a emprender el camino a pie. Cuando han visto el vehículo se han paresurado a montar y, cuando estaba lleno, les he traído al Nagoyon, el pueblo donde celebramos la misa.
La iglesia, en tierra, es demasiado pequeña y por eso celebramos la mis afuera, lo que permita a los niños moverse con más libertad y hacer menos ruido. A pesar de ser la primera misa, la gente se hace presente con antelación, lo que me permite comenzar antes de tiempo, pues me dicen que ya están todos.
Después de la misa tenemos un momento para hablar de los árboles a plantar en la escuela por los alumnos. Parece que las cosas funcionan y que hay candidatos para plantar en varios sitios. Creo que el trabajo de sensibilizar es largo y arduo, pero que puede dar buenos resultados a largo plazo.
En Tikonko la gente se hace esperar y algunos llegan tarde. A pesar de ello el ambiente es bueno y el número aceptable. Les hago ver que si quieren plantar árboles, cosa que me han pedido, tienen que preparar la tierra, lo que quiere decir limpiar y hacer hoyos, algo que prometen alegremente, pero que pienso controlar los resultados la próxima  vez que venga. Los que me prometieron ayer su presencia, hoy no estaban… Tendré que volver a la carga de nuevo y hacerles ver que les voy a seguir de cerca.
En Towama las cosas son un poco diferentes, pues hoy la iglesia está abierta y hay quienes están dentro, pero llegada la hora, los que tienen que leer no están y hay muy pocos en el coro, además de que los presentes son escasos. En la homilía, que ya han llegado, les hago ver la situación y les pido responsabilidad a la hora de relacionarnos con Dios. Les comento que me parece raro que a las siete la gente esté antes de la hora y a las once la gente llegue tarde… Pero así son las cosas. Habrá que seguir insistiendo, teniendo paciencia y haciendo catecismo. Al final de la misa tenemos una reunión y siguen pensando en programar la peregrinación para un sábado, día en que los que trabajan están más libres, pero no han decidido la fecha.
Cuando llego a casa todavía hay algunos en la iglesia, han tenido una reunión un grupo especial y están hasta media tarde. Yo voy a comer y me echo un rato la siesta, pues la mañana ha sido larga.
Por la tarde me doy una vuelta con Joseph por el chiringuito que tienen montado en el centro de pastoral los de las escuelas que están a nuestro alrededor y nos encontramos a muchos conocidos y gente de la parroquia, que nos saludan contentos.