Celebramos la fiesta de la Anunciación de la Virgen.
La realidad es que no viene mucha gente… Ha habido una lluvia intensa durante
más de una hora y la mañana está un tanto fresca y las sábanas se pegan. Por lo
menos hemos celebrado la fiesta y nos hemos despedido porque nos vamos de viaje
a visitar a los salesianos de Conakry.
Es la primera vez que lo hacemos y la aventura parece
estar asegurada, pues no conocemos más allá de la frontera.
Dejamos la humedad de la lluvia y nos encaminamos
hacia el ambiente seco del resto del camino. Hasta la frontera vamos en nuestro
coche y sin problemas nos presentamos en Kambia, el pueblo de la frontera.
Pasarla nos lleva su tiempo, pues los trámites a los que no estás acostumbrado
también llevan tiempo pero nada de especial.
Buscamos un taxi y ajustamos el precio y el recorrido
y comienza la aventura en el nuevo país que no conocemos. Hay varios controles
de policía y en todos hay que pagar la mordida correspondiente, algo que me
llama la atención el descaro con el que los polis piden dinero…
Si hasta la frontera la carretera es buena y el
asfalto está cuidado, en la otra parte el asfalto es poco y los baches muchos,
además del polvo para lo que he llevado una máscara, que creo que ayuda.
Sin mayores inconvenientes llegamos a destino, la
ciudad es grande y el chófer no sabe le sitio pero acabamos localizando la
dirección.
Nos encontramos con los salesianos que allí trabajan,
cuatro, de los que conozco dos por haber estado con ellos y ser españoles y los
otros dos son africanos. La acogida que nos dispensan es muy agradable y nos
invitan a su casa, nos ofrecen las habitaciones que están bien organizadas, la
casa es nueva y agradable a la vista y además por la noche hay luz.
Estoy un rato hablando con uno de los salesianos a los
que conozco y la conversación es agradable compartiendo muchas noticias que
hace tiempo que no sabía.
Rezamos las oraciones de la tarde juntos y vemos el
primer problema o reto: la lengua, unos hablan inglés y los otros francés. Soy
el privilegiado que habla las dos lenguas y que suele traducir para que nos
entendamos.
Al día siguiente por la mañana después de misa y
desayuno vamos a visitar unas islas que los salesianos no han visitado aún,
pero que aprovechan para hacerlo con nuestra venida. Es un sitio turístico al
otro lado de la ciudad y allí nos damos un baño, nos ponemos a la sombra, que
el sol quema y comemos un buen pescado asado. La vuelta en la misma piragua que
nos llevó y el director que es de Burkina, me dice que le da miedo meterse en
una piragua, pero que le ha gustado la salida que hemos hecho. Nosotros estamos
encantados con lo que vemos. Es un sitio turístico, pero no hay limpieza ni
mantenimiento, aunque las cosas las veo positivas en conjunto.
Volvemos a casa un tanto quemados por la brisa dl mar,
porque he estado a la sombra todo el rato, y contentos de lo que hemos visto y
vivido. Creo que es la primera vez que los salesianos de dos países limítrofes
nos visitamos y eso esperamos que se siga, que ellos vengan a vernos y nosotros
podamos seguir visitando Guinea, aunque las otras presencias es difícil porque
están lejos y la carretera es mala o muy mala.
Los intercambios siguen, a pesar de la barrera del
idioma. Por la tarde hay oratorio y ambiente en el patio, los alumnos de una
escuela vecina que no tienen patio y se le han prestado, además de los que
vienen del barrio, con lo que el patio se llena.
Tienen una iglesia para mi gusto muy agradable y con
bonitas pinturas, en la que rezamos por la mañana con la gente que viene, que
no es mucha, pero nos dicen que el domingo tienen dos misas y se llena en las
dos.
Seguimos hablando e intercambiando informaciones.
Vemos que las cosas no son muy diferentes en uno y otro lado de la frontera, y
que tenemos en común mucho más de lo que nos podemos imaginar, a pesar de la
diferencia de la lengua.
Les hemos llevado unas cuantas cosas de lo que hemos
recibido del contenedor y nos lo agradecen. También vemos los alrededores de la
casa. El patio es más bien pequeño, pero cuando pensamos que hay otras escuelas
que no lo tienen…
Al día siguiente presido la eucaristía, pues sigo
recordando el francés que practiqué largo tiempo y después vamos a dar una
vuelta por la ciudad visitando la catedral, varios colegios de monjas y frailes
y acabando en el mercado ancho y caluroso que cuando encuentras una sombra, te
paras sin pensar en más.
Comemos, descansamos un rato y unos van a ver los
puestos de los nigerianos cerca de nuestra casa y otros en el oratorio que abre
sus puertas cada tarde y donde el ambiente está asegurado.
En las buenas noches agradecemos la acogida y les
invitamos a que nos vengan a ver, pues mañana pensamos en salir pronto para no
encontrarnos con el tráfico de la ciudad.
La experiencia ha sido muy agradable y positiva y
pensamos en repetirla alguna otra vez. La vuelta es fácil porque como hemos
madrugado no hay atascos y nos presentamos en la frontera en menos de tres
horas, Los trámites no son complicados y nos encontramos de nuevo con nuestro
vehículo y emprendemos sin tardanza la vuelta.
La vuelta a casa es rápida pues por la parte nuestra
la carretera está asfaltada y en buen estado, de forma que a las once pasads
estamos en casa, y hemos tardado menos de seis horas en el viaje, Cuando
enviamos un correo y lo reciben se admiran de lo rápido que hemos hecho el
viaje.
Es jueves y hay exposición. En cuanto puedo estoy en
la iglesia, pues no hay muchos adoradores hasta la hora de la comida que nos
acompaña Paul el que nos ha sustituido en nuestra ausencia.
La siesta, la adoración de nuevo y varias llamadas de
teléfono y responder a los mensajes que se han acumulado me lleva un tiempo en
el que se suda abundantemente. Para la misa no hay muchos, y tampoco los ha
habido para la adoración, pero por lo menos les animo a lo que nos dice la
primera lectura, llenar nuestra vida de la presencia de Jesús para comunicarle
a los otros.
Paul está con nosotros a la mesa y luego se va hacia
su casa. Nosotros con la luz del generador leemos las noticias, descargamos el
correo y hasta funcionan los correos que envía, algo que antes no era normal.
Respondo a los que puedo, hago la crónica y me preparo
para ir adormir que el generador no durará mucho más tiempo, así que hasta
mañana.
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