Vistas de página en total

viernes, 1 de enero de 2016

1 de enero de 2016

Viernes

Comenzamos el año dando gracias a Dios por lo que nos presenta delante: Un año nuevo para llenarle de buenas obras. Esto es lo que comparto con la gente con la que celebro la misa por la mañana en Nagoyon, donde les sigue costando estar a las siete de la mañana… Algo impensable en otras latitudes, pero posible aquí por el momento.
Me he levantado como cada domingo o día de fiesta, hacia las cinco de la mañana y he ido a amanecer a un pueblo a menos de veinte kilómetros de casa, pero que me lleva casi una hora el recorrido. Y estaban presentes, no muchos al comienzo, pero numerosos al final y les hablé de lo que es la bendición de Dios y que eso es lo que le pedimos a Dios en el nuevo año para nosotros y para todos y cada uno de los que nos crucen en el camino.
En el segundo pueblo las cosas no eran mucho mejores. Si al principio no había casi gente, por lo menos a lo largo de la celebración fueron llegando, aunque el número no llegó a ser como otras veces.
En el tercer pueblo cuando llegué ya se habían cansado de esperar y habían rezado y se habían ido… Es un pueblo un tanto especial y estamos en negociaciones para ver cómo logramos llegar a un entendimiento de forma que esté con ellos cuando rezan. Por lo menos tenemos un nuevo año por delante para ver de solucionarlo.
Vuelvo a casa y como, pues los otros están en la parroquia y después de un rato de siesta salgo de nuevo hacia los pueblos. En Cassama hay un grupito de parejas, pero no todas están porque unos tienen motivos y otros, simplemente disculpas. Llegamos a un acuerdo de que el viernes que viene nos veremos y pondremos las cosas en claro, pues las reuniones de parejas hay que respetarlas para que den fruto.
He acabado antes de lo previsto y acompaño a uno de los que han venido de otro pueblo, porque ahora ya está arreglado el puente que antes no nos dejaba pasar. Es la primera vez que voy a ese pueblo y una buena experiencia, pues tienen un sitio que hace de lugar de oración y allí rezo con ellos el padrenuestro y avenaría y les doy la bendición, cosa que aprecian todos. El camino tiene sus problemas, pero en la estación seca no suelen ser cosa difícil.
En Gbalehun han rezado por la mañana y aún así por la tarde hay un grupo numeroso, especialmente de niños, con quienes rezamos un poco y a quienes doy también la bendición y les invito a que recen en casa con los padres.
Al salir de la iglesia, el maestro me dice que hay quienes han venido de un pueblo cercano. Reconozco al que visité hace unos días y le llevo en el vehículo a su pueblo y en el camino acabamos llenos, pues hay niños que han venido y que vuelven a pie. Están encantados de que les lleve y todos prometen volver la semana que viene.
La vuelta a casa es larga y laboriosa, pero no me puedo quejar, pues no ha habido ningún inconveniente y me espera la cena que tomo con ganas, pues no he comido nada en toda la tarde.

Me ha hecho ilusión comenzar el año visitando nuevos pueblos y tratando de estar cerca de la gente que comienza a venir. Me resulta difícil llegar a todos, pues en los pueblos cada vez va habiendo nuevos que se suman, pero es lo que buscamos y por ello estoy muy contento y le doy las gracias a Dios que me permite vivir esta experiencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario