Comenzamos el año dando gracias a Dios por lo que nos presenta delante:
Un año nuevo para llenarle de buenas obras. Esto es lo que comparto con la gente
con la que celebro la misa por la mañana en Nagoyon, donde les sigue costando
estar a las siete de la mañana… Algo impensable en otras latitudes, pero posible
aquí por el momento.
Me he levantado como cada domingo o día de fiesta, hacia las cinco de la
mañana y he ido a amanecer a un pueblo a menos de veinte kilómetros de casa,
pero que me lleva casi una hora el recorrido. Y estaban presentes, no muchos al
comienzo, pero numerosos al final y les hablé de lo que es la bendición de Dios
y que eso es lo que le pedimos a Dios en el nuevo año para nosotros y para todos
y cada uno de los que nos crucen en el camino.
En el segundo pueblo las cosas no eran mucho mejores. Si al principio no
había casi gente, por lo menos a lo largo de la celebración fueron llegando,
aunque el número no llegó a ser como otras veces.
En el tercer pueblo cuando llegué ya se habían cansado de esperar y
habían rezado y se habían ido… Es un pueblo un tanto especial y estamos en
negociaciones para ver cómo logramos llegar a un entendimiento de forma que esté
con ellos cuando rezan. Por lo menos tenemos un nuevo año por delante para ver
de solucionarlo.
Vuelvo a casa y como, pues los otros están en la parroquia y después de
un rato de siesta salgo de nuevo hacia los pueblos. En Cassama hay un grupito de
parejas, pero no todas están porque unos tienen motivos y otros, simplemente
disculpas. Llegamos a un acuerdo de que el viernes que viene nos veremos y
pondremos las cosas en claro, pues las reuniones de parejas hay que respetarlas
para que den fruto.
He acabado antes de lo previsto y acompaño a uno de los que han venido de
otro pueblo, porque ahora ya está arreglado el puente que antes no nos dejaba
pasar. Es la primera vez que voy a ese pueblo y una buena experiencia, pues
tienen un sitio que hace de lugar de oración y allí rezo con ellos el
padrenuestro y avenaría y les doy la bendición, cosa que aprecian todos. El
camino tiene sus problemas, pero en la estación seca no suelen ser cosa
difícil.
En Gbalehun han rezado por la mañana y aún así por la tarde hay un grupo
numeroso, especialmente de niños, con quienes rezamos un poco y a quienes doy
también la bendición y les invito a que recen en casa con los padres.
Al salir de la iglesia, el maestro me dice que hay quienes han venido de
un pueblo cercano. Reconozco al que visité hace unos días y le llevo en el
vehículo a su pueblo y en el camino acabamos llenos, pues hay niños que han
venido y que vuelven a pie. Están encantados de que les lleve y todos prometen
volver la semana que viene.
La vuelta a casa es larga y laboriosa, pero no me puedo quejar, pues no
ha habido ningún inconveniente y me espera la cena que tomo con ganas, pues no
he comido nada en toda la tarde.
Me ha hecho ilusión comenzar el año visitando nuevos pueblos y tratando
de estar cerca de la gente que comienza a venir. Me resulta difícil llegar a
todos, pues en los pueblos cada vez va habiendo nuevos que se suman, pero es lo
que buscamos y por ello estoy muy contento y le doy las gracias a Dios que me
permite vivir esta experiencia.
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