Después de la misa y del desayuno Samuel sigue en su tarea de acarreo de
cosas, hoy en particular las de párroco que se retira, a quien le cuesta dejar
la casa, pero lo lleva muy elegantemente. Es una muy buena persona.
Aún por la tarde sigue el trabajo y al final del día lo podemos dar por
concluido. Atrás queda todo un esfuerzo de cambiar cosas y por delante el reto
de ponerlas en su sitio y sobre todo de limpiar los locales, algo que es de
mucha necesidad. Por una parte el harmatán trae polvo, pero sobre todo el estar
la casa cerca de un camino que no está asfaltado y que es frecuentado por toda
suerte de vehículos añade mucho más que cualquier otra causa.
Voy a los pueblos, como de costumbre y visito a las viudas de los que han
fallecido y a la vuelta el coci no está en forma y nos vamos a cenar a un
chiringuito porque no ha preparado nada. Hablo un rato con el coci y veo que
tiene malaria, pero tiene también un cierto pesar porque en el cambio de casa ha
salido perdiendo, ya que no dispone de la muy buena habitación que tenía en la
otra, pero lo mismo nos pasa a los demás, no tenemos agua corriente y hemos
vuelto al sistema de lavarse con un cubo y una calabaza y para la ropa estamos
en las mismas, no tenemos agua y no hay lavadora, así que paciencia y a ver
cuando tenemos agua y el resto de las cosas.
Me ha llamado Andreas y me manda los papeles del conteiner, pero como no
tenemos conexión a internet porque estamos en la nueva casa, voy a un ciber y
trato de enviar lo que se necesita a unos y otros. Me lleva tiempo y va
despacio, pero al final la cosa llega.
Joseph ha anunciado que llega mañana con Uba y estamos contentos del
anuncio para ver si ya podemos comenzar a tener vida en común los componentes
del equipo. Que Don Bosco nos ayude.
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