En la misa que preside Joseph, no hay mucha gente al principio, pero al
final más o menos el número es el de otros días. Joseph les anima a venir y a
traer a otros con ellos a la misa, idea que ya les había propuesto yo también
antes. Quizás un día cuando no lo esperemos se producirá la reacción y serán
numerosos para la misa.
Después de desayunar hablamos un rato cambiando impresiones hasta que
Joseph se tiene que ir porque tiene una reunión y yo llevo cosas en el vehículo
a la otra casa. También traigo al soldador que va a cambiar una cerradura a una
puerta y le vuelvo a llevar a su taller. Esto me lo ha pedido el cura que vive
ahora en la casa al lado de donde vivimos nosotros. Le digo que me gusta el que
hagamos estas cosas, necesitarnos unos y otros, que así nos ayuda a estar más
cercanos. Me ha dado una buena impresión el soldador y creo que el trabajo que
ha hecho es bueno.
Joseph se ha ido a la parroquia porque hay una boda y yo espero largo
rato que se me hace más corto porque el fontanero y el carpintero vienen a
acabar lo que han comenzado, pero no lo logran así que habrá que volver de
nuevo.
Me voy a los pueblos a la reunión de las parejas y hoy han respondido a
la invitación que les hice el otro día: hay dos parejas que están dispuestas y
una tercera que aún no logra la vida sin pelearse y que tendrá que tomar las
cosas con calma. Es un momento doloroso, pues después de haber caminado juntos
largo tiempo, estos momentos fallidos te hacen mal, pero hay que aceptar la
realidad que se impone.
En casa cenamos, rezamos y, cuando acaban las noticias me pongo a hacer
la crónica. Es mejor no dejar tiempo que se acumulen las cosas y que luego
olvide de contar algo importante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario