Sigue habiendo buen número de personas para la misa. Hoy pasan de
sesenta. A los que han venido para rezar el rosario les doy un folleto en el que
se explican los misterios, pues siguen rezando los gozosos el jueves. Me lo
agradecen y prometen el jueves que viene rezar los misterios
luminosos.
Sigo con problemas de voz y es que con el polvo y la debilidad en la que
me encuentro, cualquier cosa te puede llegar. Sigo sudando, pero por lo menos no
creo tener fiebre. Hago la vida normal de leer y estudiar y otras laborucas que
se presentan.
Samuel está limpiando de nuevo la casa con un grupo de voluntarios que
han venido y que se dan buen arte en el trabajo. Los cristales han cambiado de
color y ahora se ve el sol mucho más claro. Y es que el polvo de la carretera de
al lado se nota cada día.
Comemos y echo un rato la siesta y cuando me levanto llega Joseph, que
viene con otro salesiano que viene para los funerales del cura que murió el
último día del año. Me sorprende la cantidad de actos que han organizado para
los funerales del cura. Además de la misa antes del entierro que tendrá
lugar mañana, hoy hay tres misas
por él a las ocho de la noche, a las doce de la noche y a las cuatro de la
mañana…
Asisto a la misa de las ocho y hay mucha gente. Para las otras dejo el
sitio a los que estén más en forma, pues creo que tengo que descansar para estar
mañana en buena disposición.
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