Tengo delante el calendario de María Auxiliadora. Voy poniendo en orden las cosas en la
habitación y me voy aposentando en el nuevo orden. Me llevará tiempo
acostumbrarme, pero es lo que toca.
La gente va viniendo a la misa un poco más numerosa, será porque vamos
invitando, porque también el frío va disminuyendo, y la sensación es agradable
el ver que la presencia aumenta a la vez que nos vamos conociendo y saludando
con más familiaridad.
Joseph tiene que ir a preparar las cosas que tiene pendientes con la
venida del Rector Mayor y va a pasar un par de días fuera, lo que quiere decir
que estaré un poco disminuido, pero se acepta lo que nos llega. Espero que venga
Samuel del funeral al que fue a Lungi, quien me llama y me dice que vendrá por
la tarde. No estoy en muy buena forma pues la diarrea de ayer tiene sus
consecuencias hoy, que se añade al polvo de los caminos y a un posible catarro,
pero sigo con la actividad normal.
Ahora lavar la ropa es un trabajo extra. Antes meterla en la lavadora era
una cosa normal, ahora, como no tenemos agua corriente, lo primero es ir a
buscar el agua en la planta de abajo donde alguien la acerca desde el pozo;
luego, traerla con cubos, tenerla en tu habitación, lavarte y ducharte con la
calabaza y lavar la ropa a mano y en especial el tiempo que le lleva secar…
Cuando de nuevo tengamos agua, que espero que no sea antes de un mes, por lo
menos podremos disfrutar de lo que ahora padecemos…
Samuel llega por la tarde y me pilla en el momento que estoy en un ciber,
pero vengo a casa para abrirle la puerta, pues se ha dejado las llaves. Nos
encontramos y me dice que está cansado. Se ducha, duerme un rato y nos
encontramos para cenar. Después rezamos un rato y sigo leyendo y organizando
cosas en la habitación. Hay luz hasta media noche y, aunque logro dormir, sudo
abundantemente. Me cambio la camiseta cuatro veces por la noche y ahora no es a
causa del calor, sino del catarro que estoy pelando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario