Digo la misa en la parroquia. El harmatán sigue, pero hoy hay muchas
nubes y al final acaban cayendo unas gotas que lavan un poco el ambiente y las
hojas de los árboles y la sensación es de un cierto frescor, que la gente llama
frío.
Llevo unas cuantas cosas a la nueva residencia, dejo vacía la habitación
para que el que venga tenga espacio para poner sus cosas y me encuentro con la
habitación que voy a ocupar bastante sucia. Con paciencia me dedico a barrer y
fregar. Al final se nota la acción… Y es que como la casa está cerca de la
carretera y hay bastante tráfico y no hay asfalto, el polvo acaba llegando por
todos los sitios. A ello habrá que irse acostumbrando.
También hemos estado todo el día sin luz y por suerte al final, por la
tarde, cuando estábamos rezando el rosario, la luz vino y también había
conexión, lo que nos ha permitido enviar y recibir correos y leer las
noticias.
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