Como cada domingo salgo temprano y voy a amanecer a Nagoyon. Y como pasa
otras veces, a la gente le cuesta venir a la hora, pues el fresco hace que se
duerma más, pero al final están más o menos los mismos que otras veces y el
ambiente es bueno y de fiesta.
Al final de la misa me encuentro el vehículo invadido por bultos y gente
que sin decirme nada se han instalado dentro y cuentan con que les traslade a la
ciudad. Me armo de paciencia y acepto lo que hacen, pero creo que tendré que
hablar la próxima semana para evitar que se lo tomen como algo
normal.
En Tikonko al principio me encuentro con una persona que espera, pero
luego van llegando los siguientes, aunque no son muy numerosos, cosa que les
recuerda el catequista en los anuncios y les anima a venir.
Cuando llegué y vi que no había gente, aproveché y me fui a dar una
vuelta por el nuevo camino que han intentado hacer de acceso a la iglesia desde
la casa del jefe, pero me he dado cuenta que a pie se puede hacer, pero en
vehículo ni se puede soñar en pasar incluso en la estación seca, así que
tendremos que seguir haciendo el rodeo que hacemos hasta el presente.
En Towama hay una misa aniversario de un difunto que fue profe en la uni
y que ayudó mucho a la comunidad. La iglesia está casi llena al principio y con
los que llegan para el aniversario del finado se acaba llenando a rebosar. Son
las cosas, cuando hay una ceremonia por un difunto, la gente se vuelca en ello y
no escatima nada, pero para otras cosas no son así y a todo nos tenemos que
acostumbrar.
Después de misa me piden ir a rezar ante la tumba del difunto, cosa que
hago con agrado, pues es también un buen momento para conocer a la familia y
ver qué hacen y cómo organizan las
cosas. La familia que se ha presentado, unos viven en Freetown y otros en
Londres. No sé si hay algunos más en otros sitios, pues no he tenido tiempo para
mucho, ya que he bendecido la tumba y después la comida y luego me he vuelto
rápido al coche en el que la gente me espera para que les traiga a
Bo.
Cuando llego a casa son casi las dos y Joseph se prepara para emprender
viaje a Lungi donde tiene asuntos pendientes que intentará resolver durante la
semana. Yo me echo un rato la siesta y salgo hacia un pueblo, y en la puerta me
encuentro con un cura que ha venido a visitar a los vecinos y le llevo al sitio
donde va. Me doy cuenta de que el vehículo no tiene carburante y me tengo que
apañar, pues estamos en momentos en los que es difícil encontrarlo en las
gasolineras y recorro varias antes de que me sirvan.
Con el catequista de Mattru me voy al pueblo, tenemos cita a las cinco y,
un rato más tarde aparecen los primeros, y después otros más van llegando. En
este pueblo hace tiempo que no les he dicho la misa, pues me piden que sea el
domingo a las ocho de la mañana. Trato de explicarles que estoy solo como cura
donde el año pasado había dos y que ahora tengo compromisos en otros pueblos a
las siete, a las nueve y a las once y que a ellos, si les puedo servir, es a
partir de la una, cosa que no les agrada demasiado, pero se lo hago ver claro,
que no me puedo dividir y no pienso en dejar a otros para encargarme de ellos,
pues tampoco tengo una respuesta clara por su parte ni compromiso de que la
vayan a dar. Al final les doy un tiempo para reflexionar y que me presenten
propuestas y a ver a qué solución llegamos.
Cuando vengo a casa son más de las ocho y hay luz y conexión. Leo las
noticias y los correos mientras ceno y después rezo y escribo la crónica y en un
momento hablo con Jose Mari de Pamplona y me dice que aún no tienen los papeles,
pero que pronto vendrán.
El día ha sido largo e intenso, mañana y tarde en los pueblos. Estoy
cansado del tiempo pasado fuera, y contento de lo que he vivido, y le pido a
Dios que me ayude a ser, como les decía esta mañana en la homilía, si no se
puede ser el sol del día ni la luna de noche, por lo menos ser la vela que ayuda
a alguien a ver en la oscuridad y le muestra el camino.
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